El barrio de Sultanahmet, el alma de la que fue capital de tres imperios, es la primera cita de todo viajero que posa sus pies en Estambul. Motivos no le faltan ya que en él se concentran algunos de los principales monumentos de esta seductora ciudad bendecida por el paso de los siglos y por quienes la levantaron tan única. La huella de emperadores bizantinos, el legado de sultanes otomanos, un palacio sumergido, la más famosa de sus mezquitas… ¿Listo para un viaje que no da tregua a los sentidos?

Plaza de de Sultanahmet. Estambul

Lloviznaba cuando llegué a la plaza de de Sultanahmet que aquella mañana de abril despertaba bajo un cielo gris. No podía creer que estaba allí, plantada entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, girando sobre mis pasos para perpetuar en mi retina este esperado y deseado momento. Impactada ante tan bella realidad. Y de repente, sucedió. Escuché por primera vez el quejumbroso canto del muecín llamando a la oración mientras esquivaba la lluvia bajo un paraguas comprado hacía unos minutos. Me quedé inmóvil, absolutamente paralizada y el más dulce de los escalofríos recorrió todo mi cuerpo. Sí, estaba en Estambul. A punto de conocer a la que ocupa el trono de mi currículum viajero. Mi niña bonita, el lugar al que volvería una y mil veces sin dudarlo. Una ciudad de la que me enamoré sin remedio.

Qué ver en Sultanahmet

Santa Sofía

A pesar de que le dediqué un artículo, me sigue costando describir lo que se siente al recorrer la obra más colosal y sagrada de la época bizantina. Sancta Sophia, Haghia Sofia, la iglesia de la Sagrada Sabiduría, Museo Ayasofya…. El sueño de Justiniano ha mudado tantas veces de piel como la propia ciudad fusionando culturas y credos en una prodigiosa obra que en su día fue la mayor iglesia del mundo cristiano, la mezquita principal de Estambul durante 400 años y que hoy se presenta como museo.

Santa Sofía. Sultanahmet. Estambul

Nave central de Santa Sofía desde la galería superior. Sultanahmet

Mosaico de la Virgen María. Santa Sofía. Sultanahmet

Su sólido y austero exterior de tintes rosados, sus minaretes y su ingrávida cúpula dan la bienvenida a un espacio que emociona por sus dimensiones y por la atmósfera tan especial que se genera en su interior. Entre hermosos mosaicos bizantinos, imponentes columnas, enormes medallones que nos hablan de Alá, Mahoma y los primeros califas, y ventanas, vidrieras e incontables lámparas de bronce que alumbran su potente fisonomía generando un hipnótico juego de luces y sombras. Un delirio visual que te golpea con fuerza al contemplar su conjunto desde la inmensa nave central y cuando accedes a la galería superior para admirarla desde una nueva perspectiva. No te resistas. Acabarás sometido a la magia de Santa Sofía y rendido ante imágenes y sensaciones que difícilmente olvidarás.
Más información: Hagia Sophia Museum. Precio de la entrada: 30 TL.

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Mezquita Azul

En el otro extremo de la plaza de de Sultanahmet, justo enfrente de Santa Sofía, se encuentra la Mezquita Azul que parece retar la grandiosidad de su famosa vecina desde que el sultán Ahmet I mandara construirla en 1609. A sus pies la vista se pierde en la cascada de sus voluptuosas cúpulas, en sus más de 200 ventanales y en los seis minaretes que la delimitan y la hacen única. ¿El motivo? Se levantaron para competir con la mismísima Meca igualando su número de torres. Una ofensa que quedó saldada con la construcción de un séptimo alminar en la mezquita de Arabia Saudí.

Mezquita Azul. Sultanahmet. Estambul

Detalle de las cúpulas de la Mezquita Azul. Sultanahmet. Estambul

Mezquita Azul. Sultanahmet, Estambul

Guiños históricos al margen, lo cierto es que para mí esta mezquita, además de ser la más visitada y la más grande de Estambul, es la más bella entre las bellas. La más imponente y espectacular de cuantas se dan cita en esta ciudad que navega entre dos continentes. El gran patio central con su fuente para las abluciones, sus 20.000 azulejos de Iznik que aportan la tonalidad azul por la que es conocida, sus vidrieras llegadas de Venecia, su cúpula principal que se eleva hasta los 43 metros de altura… La Mezquita Azul es el reflejo de la perfección, de la simetría absoluta. Una sobrecogedora aproximación a la cultura islámica, obra maestra del arquitecto Mehmet Aga, que hay que contemplar con calma, sentado en sus alfombras tejidas en los telares imperiales y forzando el cuello para levantar la mirada y captar cada uno de los detalles de este templo alzado para honrar a Alá en el que hombres y mujeres debemos ocultar cualquier atisbo de nuestra desnudez occidental con telas y pañuelos.
* Aunque la entrada es gratuita, un donativo para su conservación será bienvenido.

Hipódromo

Justo al lado de la Mezquita Azul hallamos los vestigios de lo que fue el gran Hipódromo, el centro neurálgico de la romana y bizantina Constantinopla. Cuesta imaginarlo pero en su día, este campo rectangular dedicado a espectáculos hípicos llegó a acoger a más de 100.000 espectadores hasta la toma de la ciudad por los otomanos.

Hipódromo. Sultanahmet, Estambul

Obelisco de Tutmosis III y Columna Serpentina. Sultanahmet, Estambul

En el extremo sur se encuentra la Columna de Constantino, alzada para conmemorar la declaración de Bizancio como la nueva capital del Imperio Romano, y unos metros más adelante el Obelisco de Tutmosis III, el monumento más antiguo de Estambul que se trasladó de Luxor a Constantinopla por orden de Constantino el Grande. A él le debemos también la llamada Columna Serpentina que en su época formaba parte del templo de Apolo en Delfos. También ha sobrevivido al paso del tiempo la Fuente Alemana, un templete de estilo neo-bizantino que el Kaiser Guillermo regaló al sultán Abdul Hamid II en 1895. Legados de Roma, Egipto, Grecia… Pasear por el Hipódromo supone revivir el pasado y formar parte de su presente ya que es uno de los lugares de encuentro más populares de Estambul.

Palacio Topkapi

Nos trasladamos ahora al que fue el centro administrativo del Imperio Otomano desde 1465 hasta mediados del siglo XIX, el Palacio Topkapi. Un inmenso complejo palaciego, levantado por Mehmet II, que consigue sumergirnos en el modo de vida de los sultanes a través de las numerosas estancias que discurren en sus cuatro patios. Las profusamente decoradas salas del Consejo y el Archivo, las dependencias públicas, las cocinas, los pabellones de recreo, la Biblioteca de Ahmet III, el Tesoro -con las joyas que simbolizan el poder que llegó a alcanzar Constantinopla- y, cómo no, el harén, la residencia privada del sultán y de su séquito de mujeres y concubinas.

Palacio Topkapi. Sultanahmet. Estambul

Estancias del Palacio Topkapi. Sultanahmet. Estambul

Terraza y Quiosco de Bagdad. Palacio Topkapi. Sultanahmet. Estambul

¿Mi rincón favorito? Sin duda, la terraza del cuarto patio. El magnífico Quiosco de Bagdad no hace sino embellecer un amplio mirador que nos permite ser conscientes de su privilegiada ubicación entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara. El tiempo pasará volando mientras te recreas con las increíbles vistas del Bósforo que desde aquí se divisan.
Más información: Palacio Topkapi. Entra Palacio: 30 LT. Entrada al harén: 15 LT.

Cisterna Basílica o Cisterna de Yerebatán

Estamos en uno de los rincones más sorprendentes de Estambul. Bajo tierra, ante un gigantesco espacio poblado por 336 columnas que emergen de un depósito subterráneo capaz de almacenar hasta 100.000 toneladas de agua. Un palacio sumergido, que debe su nombre a la antigua basílica sobre la que se construyó, creado para proveer de agua a los palacios imperiales bizantinos.

Cisterna Basílica. Sultanahmet. Estambul

Cisterna Basílica, el palacio sumergido de Sultanahmet. Estambul

Cabeza de medusa. Cisterna Basílica. Sultanahmet. Estambul

Imagina conmigo. Desciendes unos escalones. Tu vista se adapta de la claridad exterior a un mar de tenues luces amarillentas que iluminan con maestría cada recoveco de esta obra ideada por Justiniano I. Música clásica como banda sonora salpicada por el sonido de las gotas que se precipitan del techo al agua, y un juego de pasarelas de madera que harán que te detengas a cada paso. Para contemplar sus bóvedas, para descubrir los diferentes tipos de columnas y capitales que se alinean con precisión, para hacer un poco tuyo este escenario único marcado por luces y sombras. No te preocupes. No mudarás tu piel por piedra si miras fijamente las dos cabezas de medusa que hallarás en la parte noroeste de la Cisterna Basílica. Están colocadas al revés y de lado para que, según cuenta la mitología griega, no consigan petrificarte.
Más información: Yerebatan Sarnici. Dirección: Yerebatan Cad. Alemdar Mah. 1/3. Precio de la entrada: 20 TL.

Más planes que te esperan en Sultanahmet

Ya que estás en esta zona, acércate hasta Küçük Ayasofya, conocida como la Pequeña Santa Sofía que discretamente suele escaparse de las masas. Ya no está recubierta con mosaicos de oro como antaño pero te aseguro que esta mezquita que nació como iglesia merece un poco de tu tiempo. Además es la única de todo Estambul que permite el acceso a su galería superior. En sus inmediaciones, talleres de artesanos, vendedores de libros de segunda mano y encuadernadores.

Pequeña Santa Sofía. Estambul

Dos opciones para comer en Sultanahmet: Tarihi Sultanahamet Köftecisi, un establecimiento de toda la vida donde probar a buen precio los clásicos köfte turcos -albóndigas de ternera- (Divan Yolu Caddesi, nº 12), y el restaurante panorámico del Hotel Adamar, un pequeño lujo de cocina otomana y platos internacionales que se compensa con creces gracias a sus espectaculares vistas de Estambul (Yerebatan Cad. No. 37).

Pasea de noche para ver cómo los hitos arquitectónicos de Sultanahmet lucen al caer el sol y termina la jornada sentado en uno de los bancos de la plaza donde empezó este recorrido, al lado de la fuente, cambiando de posición para saltar de Santa Sofía a la Mezquita Azul. Para sentir como yo que es real, que estás en Estambul.