Una ruta costera para desconectar del asfalto y abrazar la siempre seductora naturaleza asturiana. Así es la Senda del Cervigón que recorre el litoral oriental de Gijón entre acantilados, playas y esculturas que nos obligan a detener el paso. Ponte calzado cómodo y no olvides la cámara porque este atractivo plan lo requiere.

Senda del Cervigon desde el mirador de la Providencia
Senda del Cervigón desde el mirador de la Providencia

La Senda del Cervigón: Gijón en verde y azul

La primera vez que visité Gijón, hace ya más de una década, la definí como una ciudad teñida de azul y verde. Bañada por ese Cantábrico que ha marcado su historia a lo largo de más de 5000 años y cubierta de praderías, pumaradas y carbayeras.

Senda del Cervigon. Gijon
Un alto en el camino en la Senda del Cervigón

Tras el flechazo inicial, siguieron muchos más reencuentros. Más citas con su escena cultural, su gastronomía y sus noches. Más motivos para enamorarme de la que hoy considero mi casa del norte.

Plaza Mayor de Gijon
Plaza Mayor de Gijón

En esta ocasión, ese Gijón urbano que tanto me presta es el punto de partida para mostraros la belleza de su entorno rural: un paisaje cien por cien por asturiano compuesto por casi 40 km de sendas. Peñafrancia, la Senda Fluvial del Piles, la Vía Verde de la Camocha, el Camino de Santiago en su etapa Gijón/Xixón-Avilés… Y la que hoy nos ocupa: la Senda del Cervigón. O lo que es lo mismo, cómo disfrutar de la naturaleza que dibuja la costa oriental de este concejo comprometido con el medioambiente y la sostenibilidad.

Ruta del Cervigon
Un tramo de la senda costera del Cervigón

Calentando motores: Cimavilla y el paseo del Muro

Aunque oficialmente la Senda del Cervigón parte de la rotonda del río Piles, yo te aconsejo que la inicies en el Cerro de Santa Catalina. Desde este punto, en lo alto de Cimavilla, si vuelves tu mirada hacia la derecha, contemplarás una vasta panorámica que te indica el camino a seguir. Además, el Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida te servirá de referencia a la hora de emprender el camino de vuelta.

Gijon desde el Cerro de Santa Catalina
La bahía de Gijón desde el Cerro de Santa Catalina

Una vez dejes atrás la Iglesia de San Pedro y las Termas Romanas de Campo Valdés, empieza a caminar a la vera del mar recorriendo los casi tres kilómetros del paseo del Muro que flanquea la preciosa playa de San Lorenzo hasta alcanzar su extremo oriental.

Ahora sí, salva el puente del Piles, y prepárate para descubrir un abrupto paisaje poblado de acantilados, playas y miradores, apenas alterado por la mano del hombre.

El Parque de El Rinconín en clave artística

La subida al Parque de El Rinconín, primera parada destacada de esta ruta, nos muestra buena parte del patrimonio escultórico que alberga la Senda del Cervigón. 

La primera obra de arte la encontrarás un poco antes de llegar a la escalera 19 del paseo. Se trata de Sombras de Luz, una composición del escultor asturiano Fernando Alba, formada por cuatro planchas de acero que los gijoneses adoptaron en su día como Las Chaponas. Prueba a jugar con los círculos que las perforan y podrás obtener unos originales encuadres con Gijón de fondo.

Escultura Sombras de Luz en la Senda del Cervigon
La preciosa bahía de Gijón a través de la escultura ‘Sombras de Luz’

Una vez rebasada la playa de Los Mayanes, otra escultura pone de manifiesto que la cultura asturiana no está presente solo en los museos: La Madre del Emigrante de Ramón Muriedas. Esta obra, al igual que el Elogio del Horizonte, pasó del rechazo inicial a formar parte del imaginario colectivo de los gijoneses. Y no es de extrañar: su altura empodera a la madre de todos los que tuvieron que partir, y la expresión de su rostro de bronce sigue expresando ese sentimiento de pérdida medio siglo después de ser cincelada. Como su mano tendida, que ya extraña el tacto de la piel del que se marcha. ¿Mi escultura favorita? Sin duda.

Madre del Emigrante. Senda del Cervigon
La Madre del Emigrante’ mira al mar desde el Rinconín

La playa del Cervigón, un arenal petfriendly

A los pies de la también conocida como La Lloca´l Rinconín, se encuentra la playa del Cervigón que da nombre a esta senda. Este bonito arenal, que crece o mengua en función de la marea, es perfecto para practicar deportes como el surf, el bodyboard o el stand up paddle board. Además, es la única playa de Gijón que permite el acceso con perros todo el año.

Playa del Cervigon
Playa del Cervigón, más conocida como playa de El Rinconín

Por cierto, si tienes pensado conocer la ciudad con tu mascota, en la web oficial de Gijón tienes toda la información que necesitas: alojamientos dogfriendly, bares y restaurantes, espacios y zonas verdes…

Muy cerca de aquí, otra enorme escultura recorta el horizonte desde 1999, el año en que se inauguró la Senda del Cervigón. Su nombre, Solidaridad. Su estampa, una estructura de acero que simula una cadena con eslabones que no llegan a cerrarse.

Escultura Soledad. Senda del Cervigon
Eslabones de la ‘Soledad’ de Pepe Noja

Tras esta oda a la empatía y la libertad, la ruta continúa hasta llegar al Cantu los díes fuxios, un conjunto escultórico que los gijoneses disfrutan como lo que es, un apreciado balcón natural donde el estrés no tiene cabida. Siéntate en alguno de los cubos de mármol que lo componen y deja que tu mente sobrevuele el Cantábrico. Sin prisa, que por algo has decidido viajar a Gijón.

Cantu los díes fuxíos (Canto de los días huidos) de Adolfo Manzano

Casa de Rosario Acuña y playa de Peñarrubia

A partir de este momento, el paseo se torna camino enlosado y la subida se acentúa como premonición de lo que está por llegar: los acantilados más abruptos del concejo. En uno de ellos se alza la casa de Rosario Acuña, escritora, librepensadora y defensora de los derechos de la mujer. Nadie mejor que ella para plasmar la esencia de este lugar:

El cielo estaba azul, límpido; el mar enviaba a la tierra una brisa perfumada por albas frescas; algunas espumas leves contorneaban la punta del cabo de San Lorenzo, y grandes gaviotas blancas, y grandes y negros cuervos, matizaban el horizonte con rasgos de luz y de sombra. Todo era paz alrededor.»

Rosario Acuña
Casa de Rosario Acuña
Paseantes en la senda. Al fondo, la casa de Rosario Acuña

Paso a paso, llegarás a la playa de Peñarrubia, un pequeño arenal rodeado de altos acantilados y frecuentado por nudistas, y a la escultura Nunca Más, un espacio para la memoria que rinde homenaje a las víctimas asturianas del Holocausto.

Playa de Peñarrubia. Senda del Cervigon
Playa de Peñarrubia
Nunca mas
Nunca más, monumento a las víctimas del Holocausto

Un poco más adelante, con la vista apuntando ya al Cabo San Lorenzo, encontrarás un área recreativa que resulta perfecta para hacer una pausa a la sombra de la escultura Castillo de Salas de Joaquín Rubio Camín.

Area recreativa Joaquin Rubio Camin
Área recreativa Joaquin Rubio Camín

Parque del Cabo San Lorenzo y mirador de la Providencia

Llegados a este punto, toca emprender la subida al parque del Cabo San Lorenzo. Tanto si decides ascender por las escaleras o por una zigzagueante senda, la mejor recompensa te espera en el mirador de la Providencia. Y es que, desde esta atalaya que recrea la proa de un barco, las vistas son espectaculares. El camino recorrido hasta el momento, más esculturas como el Homenaje a Galileo Galilei XV o el Paisaje Germinador, que se asientan en estos antiguos terrenos militares hoy recuperados para el ocio, y más Cantábrico fundiéndose con el cielo.

Panoramica de Gijon desde el mirador de la Providencia
Panorámica de Gijón desde el mirador de la Providencia

Aunque la senda continúa bordeando el parque junto a los acantilados, te aconsejo que te desvíes tierra adentro -unos 10 minutos caminando- para visitar la pequeña capilla de la Providencia y ver, como reza la tonada, «qué morena y guapa yes» la virgen que aquí se venera.

Capilla de la Providencia. Senda del Cervigon de Gijon
Capilla de la Providencia, lugar de peregrinación y oración para muchos gijoneses

Serín, La Cagonera y Estaño: las playas más orientales de la Senda del Cervigón

De vuelta a la senda, la ruta prosigue en dirección a la Colina del Cuervo concatenando infinitas vistas de este litoral que juega con los acantilados. Como las que obtendrás si bajas hasta las playas de Serín y La Cagonera, dos pequeñas ensenadas que compensan su escaso arenal con una buena dosis de naturaleza. Ambas, además, son dos escenarios muy apreciados por los aficionados al parapente.

Bajada a la playa de Serin
¿Irlanda? No, la bajada a la playa de Serín

Y si lo que prefieres es una preciosa cala con parking, duchas y chiringuito, un poco más adelante encontrarás la playa de Estaño que, por sus dimensiones, resulta perfecta si viajas con niños.

Playa de Estaño. Senda del Cervigon
Playa de Estaño

La Ñora: el broche de arena de la Senda del Cervigón

El último tramo de la Senda del Cervigón requiere un poco de esfuerzo ya que conlleva salvar una fuerte pendiente que desemboca en un espectacular mirador desde el que se divisa la playa de la Ñora.

Escaleras de acceso a la playa de La Ñora

Este arenal dorado, que se abre al Cantábrico entre montañas y que marca el límite entre los concejos de Gijón y Villaviciosa, es el punto final de esta ruta costera que no te defraudará. Menos aún si, como yo, vives lejos del mar.

Playa de la Ñora. Senda del Cervigon
Playa de la Ñora

Para volver, puedes desandar el camino y seguir coleccionando rincones de postal, o bien enlazar con la Senda del Río Ñora que parte de la misma playa, y que discurre a través de un paisaje fluvial salpicado de saltos de aguas y pasarelas naturales.

Y hasta aquí este paseo por la hermosa Senda del Cervigón que bordea la costa este de Gijón. Un lujo para los sentidos que revela otra imagen de la villa de Jovellanos y una gran experiencia de senderismo en Asturias.

Información de la Senda del Cervigón y datos técnicos de la ruta

  • Distancia: 9,8 km.
  • Duración aproximada: 3 horas caminando y unos 74 minutos en bici.
  • Desnivel: 99 metros. Desnivel acumulado: 292 metros.
  • Tipo de firme: baldosas, enlosados de piedra y asfalto.
  • Dificultad: Baja.
  • Accesibilidad: Ruta accesible excepto el tramo de escaleras que discurre entre el mirador y la playa de La Ñora.

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