Como ya va siendo tradición, en estas fechas en las que al 2014 le queda apenas un suspiro, me gusta echar la vista atrás y recordar todo lo que han dado de sí estos doce meses. La verdad es que el balance no puede ser más positivo ya que ha sido un buen año que me ha regalado vivencias únicas e instantes mágicos que ya forman parte de mí. Si he decidido recopilarlos una vez más, es porque llega un momento en la vida de todo trotamundos en el que las fechas se confunden entre aeropuertos, reservas, escapadas y cientos de fotografías acumuladas en el disco duro. Un maravilloso puzzle de colores, sabores, olores y sonidos que espero encajar a continuación y que seguro me encantará releer cuando pinte canas. El año empezó con un ritual que ya he perdido la cuenta de cuántas veces se ha producido: la asistencia a FITUR, la Feria Internacional de Turismo más importante de nuestro país. Allí conocí lo mucho que tienen que ofrecer países como Noruega, Guatemala, Eslovenia o Uruguay que han pasado a engrosar mi interminable lista de destinos pendientes. Y es que no me canso de repetirlo: sigo pensado que el mundo es demasiado grande para una sola vida.

Fitur 2014

¿Lo mejor de esta feria? Reencontrarme con otros blogueros de viajes y periodistas del sector, y desvirtualizar a los que aún no tenía el gusto de conocer en persona. Puede sonar a topicazo pero no lo es ya que, en mi caso, algunos de ellos ya son más que simples conocidos. En febrero me desplacé a mi querida Teruel para sumergirme en un viaje en el tiempo que me llevó al siglo XIII donde pude revivir la historia de sus famosos amantes gracias a una recreación histórica impecable en la que participa con orgullo toda la población. El casco histórico de esta encantadora ciudad, que conserva su trazado medieval y cuyo conjunto mudéjar ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue un año más el mejor de los escenarios para celebrar Las Bodas de Isabel.

Viaducto de Teruel. Bodas de Isabel Pétalos de rosa para los Amantes. Bodas de Isabel. Teruel Sin duda, el articulo que escribí a la vuelta ha sido uno de los que más satisfacciones me ha reportado a nivel profesional y, sobre todo, personal. Y no me refiero al premio de fotografía que me otorgó la Sociedad Fotográfica Turolense ni al alcance que tuvo fuera y dentro de la Red. No hablo de cifras. Hablo de sentimientos, de los comentarios que me hicieron llegar los propios turolenses. El mejor regalo que una juntaletras puede recibir.

Estambul. No sé que más puedo añadir a todo lo que ya he dicho sobre la que fue capital de tres imperios. Me conquistó como pocas ciudades han conseguido hacerlo. Tanto que desearía estar escribiendo estas líneas desde allí. La primera vez que escuchas el canto del muecín llamando a la oración, esa luz tan especial que reina en Santa Sofía, surcar las aguas del Bósforo e ir al encuentro del Mar Negro, contemplar el atardecer desde Üsküdar con un té entre las manos, dejar correr los minutos viendo la vida pasar en el Puente de Gálata, atravesar el Cuerno de Oro… Ya lo comenté en su día, aún sigo perpleja y abrumada al recordar tanta belleza. Sé que una parte de mi corazón se coló por sus rendijas y sé que tarde o temprano volveré a retomar el diálogo con esta ciudad que me caló tan hondo.

Estambul Interior de Santa Sofía. Estambul Üsküdar. Estambul A finales de abril, subí a un tren rumbo a Girona. Siempre es un placer volver a Catalunya y más si es para ver cómo esta ciudad embellece su rico patrimonio con la celebración de Girona Temps de Flors. Un festival en el que se preparan casi 200 proyectos florales en diferentes espacios de la capital como las callejuelas del Call -una de las juderías mejor conservadas de toda Europa-, los baños árabes, la Catedral o el río Onyar.

Río Onyar, Girona Girona Temps de Flors Un mes más tarde asistí a mi primer Travel Bloggers Meeting, un encuentro internacional de blogueros de viaje que este año se celebró en Gijón. Charlas viajeras, talleres prácticos, debates sobre la situación del sector… Jornadas maratonianas que acababan como no podía ser de otra manera, entre risas, anécdotas y cervezas. Además del aprendizaje que me traje en la maleta, este viaje me permitió conocer dos joyas asturianas: la propia Gijón, tan marinera y auténtica como la imaginaba, y Oviedo, una ciudad que combina con acierto su pasado señorial y su estatus de capital del Principado de Asturias.

Gijón Paseo de San Lorenzo. Gijón Catedral de Oviedo Santa María del Naranco. Oviedo En julio por fin pude quitarme una espinita viajera: recorrer la costa vasca de principio a fin. Pasaia, Hondarribia, Zarautz, Mutriku, Lekeitio, Mundaka, las playas de Laga y Laida… Preciosos rincones sometidos a la fuerza del Cantábrico y pueblos que huelen y saben a mar que descubrí tras recalar dos días San Sebastián, la gran dama del norte. Todos los piropos se quedan cortos al hablar de la capital guipuzcoana, una ciudad que exploré con los cinco sentidos. El suave tacto de la arena que cubre sus playas, el sabor de sus increíbles pintxos, el murmullo del mar, el olor que envuelve su pequeño puerto, las maravillosas vistas desde el Monte Urgull…

San Sebastián Lekeitio Pasai Donibane Aprovechando esta escapada a Euskadi, visité la villa de Gernika y me perdí durante horas en el Bosque de Oma, el escenario que Ibarrola escogió para plasmar su personal diálogo con la naturaleza.

Bosque de Oma En septiembre, antes del esperadísimo viaje a Irlanda, me di un respiro en toda regla en el Complejo Enoturístico Finca La Estacada, un lugar perfecto para olvidarte de la rutina, desconectar entre viñedos y dejarte mimar. Está situado en Tarancón (Cuenca) y su oferta incluye un hotel, un restaurante con los mejores platos de la cocina castellano-manchega, un coqueto spa y, cómo no, la visita a su bodega donde elaboran caldos cuya relación calidad/precio es innegable. ¿Mi favorito? Finca La Estacada Varietales. La visita al Parque Arqueológico de Segóbriga remató un fin de semana que cumplió con creces su objetivo: regresé a Madrid absolutamente relajada y con ganas de volver.

Junior suite. Finca La Estacada Masaje balinés con uva tinta Parque Arqueológico de Segóbriga Irlanda. Otro de esos rincones del planeta que crean adicción. Adicción a sus paisajes, a su modo de vida, al carácter de sus gentes, a sus ciudades donde el viajero siempre es bien recibido. Allí descubrí que Dublín es mucho más que sus famosos pubs, que Belfast es una ciudad que ha sufrido mucho pero que ha sabido reinventarse gracias a la cultura y el arte, y que la costa irlandesa cuenta con maravillas naturales como los acantilados de Moher o la Calzada del Gigante que simplemente te dejan sin habla.

DublínPub The Cobblestone. Dublín Acantilados de Moher Mural en Falls Road. Belfast La Calzada del Gigante En noviembre, gracias a Minube, tuve ocasión de asistir al XXX aniversario de Don Juan en Alcalá, la representación teatral al aire libre más multitudinaria de España. Además fue una ocasión muy especial ya que, con motivo de su trigésima puesta en escena, este espectáculo, catalogado de Interés Turístico Regional, recuperó su formato itinerante convirtiendo el caso histórico de Alcalá de Henares en un teatro a cielo abierto al servicio de los versos de Zorrilla.

XXX aniversario Don Juan en Alcalá Don Juan en Alcalá Mi año viajero ha acabado con una grata sorpresa: la #GranCanariaExperience. Un blogtrip que me llevó a un paraíso en forma de isla que bien se podría definir como un continente en miniatura. En Gran Canaria aprendí a cocinar sus famosas papas arrugadas y el mojo picón, me inicié en el mundo del submarinismo, navegué por su litoral, recorrí bajo la luna el encantador barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria, descubrí los preciosos parajes naturales de su interior y me quedé prendada de las dunas de Maspalomas.

Maspalomas. Gran Canaria Buceando frente a la playa de Amadores. Gran CanariaPaisaje del interior de la isla. Gran Canaria

Bagaje acumulado en estos doce meses

¿Qué más he hecho además de viajar y contar mis experiencias en este blog? Aparte de seguir buscándome las habichuelas como periodista freelance, básicamente aprender. De los demás y de mí misma. Siento que he madurado como viajera, que mi objetivo no es tanto alcanzar nuevos horizontes sino vivir nuevas experiencias, que cada vez me gusta más invertir mi tiempo conociendo a la población local de los lugares que visito, que me importan más las historias que los paisajes, y me reafirmo en algo que siempre he pensado: puedes encontrar tu momento mágico a miles de kilómetros o a la vuelta de la esquina. Solo tienes que abrir tu mente, despertar tus sentidos y disfrutar de lo que acontece a tu alrededor.

Dicho esto, solo me queda agradecer tu compañía, esa que me ha hecho crecer como persona y como bloguera de viajes, y desearte con todo mi cariño un magnífico 2015.