En esta ocasión abro las puertas de mi blog a Lourdes Olmos Juárez, una profesora de turismo y viajera empedernida, que tuve la ocasión de conocer durante el viaje posterior al Travel Bloggers Meeting de Plasencia. Charlando con esta simpatiquísima granadina descubrí una de sus grandes aficiones: recorrer el mundo navegando. Si conoces mi amor por el mar, aquél que me vio crecer en las playas de Barcelona, imaginarás que la sometí a un tercer grado para que me explicara cómo es la experiencia de viajar en un barco compartido. A mí logró tentarme y mucho con sus explicaciones y por eso la animé a compartir sus vivencias y consejos en este post invitado.

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Ni todo está escrito ni todo está aún inventado y por esta razón cada día descubrimos una nueva persona que hace realidad sus sueños. Seguro que has oído hablar de viajeros que lo han dejado todo y se han lanzado a la aventura de dar la vuelta al mundo, o de otros que llevan años haciéndolo, de parejas que abandonaron sus trabajos y desde entonces no han dejado de recorrer un país tras otro. ¿Te vienen a la cabeza algunos de estos ejemplos? Seguro que sí. ¿Y qué te parece si el proyecto fuera recorrer el mundo en un barco velero? ¿Sabías que muchos de esos viajeros un día se convirtieron en transmundistas y su forma de vida es navegar el mundo? ¿Te gustaría vivir esta experiencia? Si la respuesta es afirmativa, te interesa seguir leyendo este artículo porque existe una comunidad viajera que vive en el mar y abre sus barcos a los que queremos compartir parte de su aventura.

Recorrer el mundo navegando. Kioni. Isla de Ítaca, Grecia

Esta nueva forma de viajar compartiendo un trayecto en barco la descubrí hace algunos años y, desde entonces, es una opción más a la hora de planificar mis viajes. Trataré de resumir cómo empecé en este mundo, qué significa para mí y, finalmente, te daré algunos consejos para iniciarte en este tipo de viajes.

Lourdes Olmos Juárez

Siempre me gustó el mar, los barcos y siempre quise navegar, pero no sabía por dónde empezar. No tuve unos padres con esa afición, ni un primo patrón, ni nada que se le parezca pero, afortunadamente, sí tuve una amiga que en el verano de 2011 me propuso salir a navegar con una empresa de chárter náutico. Reservamos un crucero de cinco días por el Mediterráneo, con otros cuatro tripulantes que no conocíamos de nada y por fin tuve mi primera experiencia en velero. De Motril a Melilla, casi veinticuatro horas, perdiendo de vista la costa, viviendo mi primer atardecer y amanecer en el mar, haciendo guardias, llegando a tierra… Fue maravilloso ese primer día, y el segundo, y el tercero… Y cada día que he salido a navegar. Pero lo realmente importante de esos días fue la información que recibí y que me permitió dar el salto y empezar en este mundo yo sola.

Atardecer en el marWebs para recorrer el mundo navegando

La clave de todo esto, aparte de mi amiga Marian que me llevó a ese primer crucero, fue conocer la web La Taberna del Puerto y su foro Bolsa del Navegante, punto de encuentro en España para los que buscan tripulación y los que no tenemos barco, de manera que podamos compartir unas horas de navegación, desde salir una tarde o un fin de semana hasta cruzar el Atlántico o incluso organizar actividades tan divertidas como un concurso de tortillas de patatas en algún puerto (todo un clásico en los días de navegación). Gracias al foro y los contactos que he ido haciendo, he viajado por España, Baleares, Ceuta y Melilla incluidas, Portugal, Grecia y sus islas, Sicilia… Y lo que me queda por navegar.

El placer de navegar

Un primer consejo para buscar barco es registrarte en esta web y participar en el foro presentándote, diciendo lo que se buscas, la zona por la que salir a navegar, etc., y ver las ofertas que ya hay publicadas. La gente en La Taberna del Puerto es, en general, generosa y participativa, así que seguro que das con alguien que te abre las puertas de su barco. Eso, poco a poco, te permitirá conocer gente, formar parte de listas de correos y participar en grupos de WhatsApp y de Facebook de los que saldrán muchos “planes marineros”.

Mi siguiente paso fue estudiar algo, sabía que me gustaba el mar y la navegación. ¿Por qué no aprender un poco? ¿Sabías que en un barco todas las cosas cambian su nombre? Un cubo deja de llamarse cubo y pasa a ser un balde y ni se te ocurra usar la palabra cuerda. Las cuerdas se llaman cabos y, como dicen los marineros, en un barco las únicas cuerdas que hay son las del reloj del capitán. ¡Me encantan los dichos marineros! Pues bien, me puse a estudiar y obtuve mi título de patrón de embarcaciones de recreo. No es difícil, en un par de meses se puede sacar sin problema, pero hay que ponerse. El resto de titulaciones de recreo las dejo para más adelante. Como decía antes, poco a poco, tenemos toda la vida para navegar y aprender. Lo importante es empezar.

Pasión por el mar

Cuando ya tengas tus contactos para salir a navegar los fines de semana y hayas aprendido un poco, seguro que te apetece hacer algo más grande y formar parte de esos proyectos de los que te hablaba al principio del post, es decir, compartir viaje con alguien que lleva años recorriendo el mundo, navegar por las islas griegas, por el Pacífico… ¡Hay tantos barcos por el mundo en los que poder navegar! Para buscar opciones en el extranjero puedes usar Find a Crew que es una web muy conocida. Veamos algunos ejemplos de barcos que abren sus puertas a la comunidad viajera.

Para empezar, te voy a presentar al patrón de uno de los barcos en los que he repetido experiencia, Marcelino Alonso, gallego afincado en Toledo, militar y abogado de profesión y hoy navegante “a tiempo parcial”. Desde el año 2008 comparte su velero, el Raw Prawn, un Morgan 44, con amigos, familiares y desconocidos que más tarde se convertirán también en amigos. Toda la información está en su web del Raw Prawn y cada año organiza una nueva escapada de unos cuatro meses con etapas de dos semanas para despedir a la tripulación que marcha e incorporar a la nueva. Familiares y amigos pueden seguir el viaje a través del blog de Marcelino. En mi primer viaje en el Raw Prawn en 2014, que fue de Atenas (Grecia) a Catania (Italia), recorrimos el mar Egeo, el Canal de Corinto y el Jónico, pasando por lugares tan emblemáticos como Delfos, Lepanto o Ítaca. En mi segundo viaje, recorrí de nuevo el Mediterráneo, esta vez de Corfú (Grecia) a Trapani (Italia), donde descubrí las Egadas, unas islas muy mediterráneas, Favignana, Levanzo y Marettimo. Una joya de islas.

El Raw Prawn en LepantoLa tripulación del Raw Prawn en Atenas

Otros “nómadas del mar” a los que no he conocido en persona pero con los que sí he mantenido contacto por correo, son Stephe, un chico francés que viaja con su padre a bordo del Sambelec (dejaron Francia bordeando la Península Ibérica para llegar a Senegal y de ahí cruzar el Atlántico, luego el Canal de Panamá y después rumbo al Pacífico) y los noruegos de Sailing the Farm, que están a punto de terminar su proyecto, construir su propio velero con ayuda de la comunidad Couchsurfing para poder hacer su sueño realidad: navegar el mundo compartiendo la experiencia con todos aquellos que están ayudando en la construcción del barco.

En cuanto al aspecto económico, hay de todo, quien ofrece su barco y corre con todos los costes (éstos son los menos), quien pone el barco pero no paga ningún gasto y el resto de la tripulación se hace cargo de ello (gasoil, puertos, comida y bebida, etc.), quien va a gastos compartidos o incluso quien cobra un precio fijo por el total de días. De forma general, teniendo en cuenta los viajes que he hecho y todo lo que he leído, se habla de unos veinte o treinta euros diarios que incluyen alojamiento, manutención, transporte y otros gastos, es decir, todo. A mí me parece un precio muy razonable que casi cualquier viajero se puede permitir. Eso sí, puede variar dependiendo de los caprichos que se quiera dar la tripulación, pero en general suele ser ésa la cantidad que se paga por día y no está nada mal.

Atracando en Melilla

Ya tienes información de sobra para lanzarte a esta aventura y descubrir lo fascinante que es viajar navegando, una combinación muy interesante para moverse por el mundo y disfrutar del mar en compañía de gente con la misma afición, donde surgen conversaciones muy interesantes sobre el mar, la navegación, las estrellas… Una experiencia que me conquistó desde el primer viaje que hice en aquel velero por el Mediterráneo.

Puerto Marina El Rompido. Río Piedras, Huelva

Pero, siendo honesta, también tengo que hablar de la parte menos bonita que no todo el mundo cuenta de los viajes en barco. Te hablo de situaciones como estar varios días compartiendo camarote con una persona que acabas de conocer o compartiendo baño con alguien que es menos higiénico que tú, pasar noches sin dormir haciendo guardias, soportar temperaturas extremas, sufrir mareos, o lo que es peor, tener problemas de convivencia, derivados de discusiones o puntos de vista muy distintos.

En los barcos he conocido de todo, gente más buena y menos buena, más fácil y más complicada, gente maravillosa, personas abiertas, respetuosas, etc., pero igualmente, personas con menos educación, machistas, incluso alguna que otra xenófoba y homófoba. Es normal. Esta forma de viajar también conlleva un riesgo, no sabes con quién vas a compartir el viaje. Si se trata de una salida de una tarde se lleva bien, pero en travesías más largas, puede resultar más incómodo. Y aunque todo esto te hace más fuerte, más paciente y es cierto que ayuda a tu crecimiento personal, cuando te ves en una de éstas te preguntas ¿qué necesidad hay de pasar unos días de vacaciones en un espacio tan reducido aguantando este tipo de cosas? Un barco es muy pequeño, que no se nos olvide.

Esta es la parte negativa de viajar en un barco compartido, todo lo demás se lleva bien o se termina llevando, pero los problemas de convivencia sí pueden estropear un viaje, de hecho, son muchas las anécdotas que se cuentan de algún tripulante al que se bajó del barco y se dejó en puerto porque la situación era insostenible. Igual que puedes conocer gente estupenda, de diferentes culturas, edades, etc., y por tanto, enriquecerte, puede ocurrir justo lo contrario, y que el viaje se convierta en una pesadilla. Con esta reflexión, no quiero desanimar a nadie a viajar en un barco compartido. En absoluto. Solo pretendo advertir de lo que podrías encontrarte y aconsejarte que trates de conocer previamente a parte de la tripulación si se trata de un viaje largo. Seguro que leyendo esto, te vienen a la cabeza algunas personas que no llevarías nunca a un barco y otras que serían buenos candidatos.

Cena de cambio de tripulación en el puerto de Catania. Sicilia

Personalmente, sopesando pros y contras, sé que quiero seguir navegando y que los buenos momentos superan con creces los malos. Por eso he decidido escribir este artículo, para animar a los viajeros a continuar descubriendo el mundo combinando su forma de viajar tradicional con esta otra.

Así que no lo dudes, si te gusta el mar y te gustan los viajes, no puedes desaprovechar esta oportunidad. Hay miles de barcos ahí fuera esperándote. Tengas o no experiencia puedes vivir esta aventura. En un barco hay muchas cosas que hacer, seguro que en alguna puedes ayudar y, poco a poco, aprender. ¿Quién no sabe limpiar o preparar algo de comer?

Cocinando a bordo

Tienes que experimentar lo que es dormir en cubierta mirando las estrellas y meciéndote por las olas del mar, las conversaciones en travesías largas, echar el ancla y disfrutar de un baño en una playa paradisíaca, llegar a puerto y dar un paseo por la ciudad para hacer unas compras y luego cocinar en el barco, disfrutar del viento y ver cómo las velas hacen su trabajo, cruzarte con una manada de delfines que juegan con el casco de la embarcación…

Leyendo con vistas a la Isla de Es VedráMe despido con una expresión muy marinera y deseándote lo mejor: ¡buen viento y buena mar!
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Interesante experiencia, ¿verdad? Si quieres profundizar más en este tema, te invito a leer el resto de artículos que Lourdes ha ido publicado en su blog El viaje de Lu sobre viajes en barco.