Bienvenido a Marrakech. Una ciudad marroquí fundada hace más de mil años a los pies del Alto Atlas que pese a sus destellos de modernidad no olvida ni quién es ni su pasado. A un rincón africano, vibrante y caótico, teñido de olores, sabores y sonidos que colapsan los sentidos y encienden el alma. A una ciudad que logró removerme por dentro y que ahora te presento a través de 10 planes que considero imprescindibles. Si te preguntas qué ver y hacer en Marrakech, aquí tienes la respuesta. Comenzamos.

Qué ver y hacer en Marrakech

Zoco de los herreros. Que ver Marrakech

Puesto de especias en el zoco de MarrakechQué ver en Marrakech: la plaza Yamaa el-Fna, el gran escenario de la ciudad

Como si de una fuerza magnética se tratara, nada más llegar a Marrakech tus pasos te conducirán hasta Yamaa el-Fna, la famosa plaza en la que todo sucede, en la que todo es posible. Y lo harás para plantarte en el corazón de la medina, donde acude todo el mundo para presenciar el sorprendente espectáculo que discurre a ras del suelo y que cambia siguiendo los dictados del sol. Puestos de zumo de naranja, curanderos, sacamuelas, bailarines, predicadores, encantadores de serpientes… Un vertiginoso carnaval de ruido, gentío, música y tradiciones populares, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que al llegar la noche se incrementa con la aparición de pequeños restaurantes que reclaman tu presencia a voz en grito. “Vuerve luego mi arma”… Tal vez te parecerá todo muy caótico. Lo es. Simplemente, déjate llevar, interactúa con sus actores y siente el latido de Marrakech. ¿Una buena atalaya para ver cómo esta explanada va mudando su rostro a lo largo del día? Le Grand Balcon du Café Glacier con su terraza panorámica. Imprescindible.

Yamaa el-Fna, el gran escenario de Marrakech

Plaza Yamaa el-Fna. Marrakech

Terraza del Café Glacier. Que hacer en MarrakechMuy cerca de aquí se encuentra la mezquita de la Koutoubia, cuyo famoso minarete, visible desde muchos puntos de la ciudad, sirvió de inspiración a la Giralda de Sevilla. No podrás visitar la mezquita pero podrás tomar su torre como referencia a la hora de orientarte.

Minarete de la Koutoubia. MarrakechPiérdete entre las laberínticas callejuelas de los zocos de Marrakech

No es una frase manida. Literalmente en algún momento acabarás perdido en la marea de zocos que se extienden al norte de la plaza Yamaa el-Fna. Mercados de aceitunas, dátiles y frutos secos como Ableuh o Kchacha, Semmarine, que bajo su techo de cañizo oferta babuchas, juegos de té, alfombras o caftanes, el zoco de los tintoreros con sus madejas de lanas de colores secándose al sol, el de los herreros, el de los curtidores… Un recorrido brutalmente sensorial en el podrás poner a prueba tus mejores técnicas de regateo mientras esquivas el trajín de motos y carromatos que se cruzan en cualquier momento. Un consejo: cuando no sepas dónde estás, pregunta a algún vendedor porque si escoges a un particular lo más probable es que se empeñe en acompañarte a cambio de unos dirhams. Una sugerencia: el mejor alto en el camino lo encontrarás en el Café des Épices donde podrás tomar una comida ligera a base de sopas, bocadillos y ensaladas. ¿Su gran atractivo? Está situado en la misma Place des Épices donde se dan cita boticarios de toda índole, mujeres que preparan jena para los tatuajes, vendedores de especias, sombrereros… Si tienes ocasión, ubícate en su pequeña terraza. Las vistas a este bullicioso rincón de Marrakech rematado por destartalados tejados merecen la pena.

Zoco de los tintoreros. Marrakech

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De compras por los zocos de Marrakech

Place des Épices. Marrakech

Qué ver en Marrakech: la Madraza Ali Ben Youssef

“Tú, que atraviesas mi puerta, que tus mayores deseos se cumplan”. Esta es la inscripción que preside la entrada de la Madraza Ali Ben Youssef, antaño la mayor escuela coránica del norte de África. Te recomiendo encarecidamente su visita porque, además de ser es uno de los pocos edificios religiosos de Marruecos abierto a los no musulmanes, representa el mejor ejemplo de arquitectura arabigoandaluza de la ciudad. Solo tienes que acercarte a su gran patio para comprobar el delicado conjunto que forman sus ornamentadas columnas, los balcones con celosías, los mosaicos, las caligrafías esculpidas en las paredes, el estanque… Una profusa decoración que contrasta con la sobriedad de las celdas de los estudiantes del piso superior. Está situada en el interior de la medina muy cerca del Museo de Marrakech y de la Maison de la Photographie.

Madraza Ali Ben Youssef. Que visitar en Marrakech

Ali Ben Youssef se fundó en el siglo XIV bajo el reinado benimerín. Marrakech

Ríndete a la belleza del jardín Majorelle

En la llamada La Ville Nouvelle, levantada en la época medieval y feudo de la clase media marrakechí, encontrarás el que para mí es el rincón más hermoso de esta ciudad imperial: el jardín Majorelle. Un elegante y sugerente edén, forjado entre cactus, bambúes y nenúfares, ideado por el artista francés Jacques Majorelle, y recuperado por el gran modisto Yves Saint Laurent cuyas cenizas reposan junto a una sencilla columna.

Olvida el reloj, aquí las prisas no son bienvenidas. Enamórate de un color que jamás olvidarás, el profundo e intenso azul Majorelle que baña su villa modernista. Fíjate en cómo los rayos de sol se cuelan entre árboles y plantas llegados de los cinco continentes proyectando sombras que evocan exóticos destinos. Escucha el canto de los pájaros, el sonido del agua… Saint Laurent lo describió a la perfección: “un oasis donde los colores utilizados por Matisse se mezclan con los de la naturaleza”. Pura magia.

Jardín Majorelle. Qué ver en Marrakech

Detalle del Jardín Majorelle. MarrakechRevive la época de los grandes visires en el palacio de la Bahía

Patios con exuberante vegetación, fuentes, teselas policromadas, techos tallados a mano, suelos cubiertos de mosaicos… Desde el exterior nada hace presagiar el lujo y opulencia que derrochó el visir Ahmed ben Moussa en el palacio de la Bahía (la bella). El resultado, tras catorce años de obras, resultó tan extraordinario que en 1911 acabó siendo la residencia general del Protectorado. Aunque solo una parte de sus 8 hectáreas y 150 habitaciones están abiertas al público, se puede visitar el harén y los espectaculares aposentos de la favorita. Ya que estás en esta zona, antes de visitar las tumbas saadíes, aprovecha para callejear por el barrio judío o mellah y descubre un rostro más de la ciudad roja marroquí.

Palacio de la Bahía. Marrakech

Mellah de MarrakechQué ver en Marrakech: descubre las suntuosas tumbas saadíes

Sin duda vale la pena acercarse hasta la casba para visitar las tumbas saadíes. Su origen nos traslada a 1557, momento en el que el sultán saadí Ahmed el-Mansour el-Dahbi decidió construir un mausoleo digo de su rango, la espectacular Sala de las Doce Columnas. Un espacio exquisitamente decorado con mármol de Carrara, estucos recubiertos de oro puro y mosaicos de azulejos. El resto de este complejo funerario está formado por dos pabellones más y por las más de 170 tumbas de cancilleres y mujeres que se hayan en su jardín.

Tumbas saadíes. MarrakechSaborea Marrakech bocado a bocado

A pie de calle, en ambientes refinados al son de la danza del vientre o en una terraza divisando el anárquico skyline de la medina. La oferta gastronómica de Marrakech se adapta a todo tipo de carteras ofreciendo platos tradicionales como la tanjia, tajines, cuscús, pastillas, brochetas, keftas… Como elegir entre tantos escenarios no es tarea fácil, aquí tienes algunas propuestas además de los ya mencionados Café des Épices y Café Glacier.

Tajine de pollo. MarrakechSi lo que buscas es cocina tradicional, prueba en locales como Chez Chegrouni (noroeste de la plaza Yamaa el-Fna), Ksar Es Saoussan (Rue des Ksour, 3) o en el siempre de moda Le Foundouk (Souk Hal Fassi, 55). Para descubrir los sabores de la cocina creativa marroquí: el acogedor Le Jardín (Sidi Abdelaziz, 32), y Villa Flore (Derb Azzouz, 4). En ambos sirven alcohol. Si te decides por picar algo en el centenar de restaurantes que invaden el centro de la plaza Yamaa el-Fna, mi consejo es que te sientes donde veas más gente para asegurarte de que los productos sean frescos. Parrilladas, pescados, ensaladas, caracoles, cabeza de cordero… Tú decides.

Café des Épices. Marrakech

¿Dónde rendirte a la repostería marroquí? Sin duda en la Pâtisserie et boissones Al Jawda. Está considerada una de las mejores de la ciudad y con razón. Batidos y zumos de mil sabores, pasteles, galletas, los clásicos “cuernos de gacela”… (Rue Derb Dabachi, 16).

Pâtisserie et boissones Al Jawda. Marrakech

El domingo, como un local más, al jardín de la Menara

Un mar de olivos reconvertido en parque urbano, un pequeño pabellón a cuyos pies discurre un gran estanque artificial y el mejor telón para enmarcarlo: las cercanas cimas del Atlas. Así es el jardín de la Menara, el patio de recreo de los marrakechíes que se adueñan de este enclave de factura almohade, sobre todo los domingos, para escapar del imparable ritmo que azota el centro de la ciudad. ¿La mejor hora para visitarlo? Al atardecer, entre parejas de enamorados que cucurucho de patatas fritas en mano esperan la puesta del sol.

La Menara con el minarete de la Koutoubia al fondo. Marrakech

Pabellón de la Menara. Marrakech

Vuela sobre Marrakech en globo

Si tu agenda y tu bolsillo te lo permiten, no renuncies a sobrevolar las zonas rurales que rodean Marrakech. Realmente merece la pena madrugar aunque solo sea por presenciar ese hipnótico instante en el que el sol despierta a un nuevo día sobre las cumbres nevadas del Atlas. Y tras el vuelo, un completo desayuno tradicional en una improvisada jaima en medio de la nada. Yo viví esta experiencia con la empresa Ciel d’Afrique. Precio por persona: desde 2050 MAD.

Salida del sol sobre las cumbres nevadas del Atlas. Marrakech

Sobrevolando las afueras de Marrakech

Desayunando tras sobrevolar Marrakech

Relájate en un hamman

No puedes irte de Marrakech sin sucumbir al placer que supone relajarse en alguno de sus numerosos hammams. Obviamente, la experiencia más auténtica te espera en los públicos, donde el lavado y el masaje suele realizarse en el mismo suelo de mármol, pero, si prefieres un trato más occidental, puedes acudir a los llamados hammams-spa que ofrecen una variada gama de tratamientos como los masajes con aceite de argán o los baños perfumados.

Y hasta aquí mis 10 planes imprescindibles que recogen qué hacer en Marrakech. Una ciudad cuya fuerza reside en el ambiente que se respira en sus calles, que te invita a seguirle el juego y a dejarte llevar. Porque en Marrakech más que ver hay que sentir.