Belfast (Irlanda del Norte). Hotel Park Inn. Siete de la mañana. Estoy harta de dar vueltas en la cama y de mirar la hora en el móvil de forma compulsiva. Decido levantarme. Corro la cortina y ahí está de nuevo el mismo horizonte plomizo de ayer acompañado de algo de lluvia. No importa. Ya he comprobado que en Irlanda el cielo cambia de color en cualquier momento, cuando menos lo esperas. Confirmo mi reserva: excursión a la Calzada del Gigante. Las mariposas revolotean ansiosas en mi estómago.

Faltan dos horas para que el autocar parta rumbo al Condado de Antrim. Releo una vez más la guía de Irlanda. Según mi Lonely Planet, estoy a punto de conocer uno de los paisajes más sugerentes e impresionantes de Irlanda y el único rincón de Irlanda del Norte declarado Patrimonio de la Humanidad.

Cuando llego al punto de encuentro, veo en las caras de mis compañeros de viaje, en su mayoría alemanes y japoneses, un reflejo de la mía. Se diría que están cansados y somnolientos si no fuera por la ilusión que irradian sus ojos, el preludio de que algo grande está por llegar.

Sin darme cuenta, Belfast va quedando atrás y la carretera empieza a fundirse con el mar atravesando encantadores pueblos costeros salpicados de restos medievales como Larne, Ballygalley, Glenarm, Cushendall, Ballycastle… No me extraña que la ruta costera de la Calzada esté considerada como una de las cinco mejores excursiones en coche del mundo. Es una maravilla y cualquier adjetivo se queda corto ante tanta belleza. Cada curva es una sorpresa en un paisaje cambiante que va del verde de los valles glaciares (los glens de Antrim) al azul del mar de Irlanda con Escocia de fondo.

Ruta costera de la Calzada del Gigante

Los glens de Antrim

Paisaje del Condado de Antrim

El camino continúa y, tras una parada en el puente colgante de Carrick-a-Rede, el autobús se detiene en el aparcamiento del Centro de Visitantes. El guía nos explica que hay cuatro rutas para recorrer la Calzada clasificadas por colores según su dificultad. Como el cielo parece que se vaya a desplomar en cualquier momento, decido apostar por el camino azul, una pista asfaltada que en menos de un kilómetro lleva hasta el corazón de esta joya que la naturaleza decidió regalar a Irlanda.

Inicio de la ruta azul. Calzada del Gigante

Pongo en marcha la audioguía y me sorprendo al escuchar quién responde al otro lado. Es el mismísimo gigante Finn McCool a quien la leyenda atribuye el origen de la Calzada. No podría ser de otro modo en un rincón tan lleno de magia.

Finn me cuenta que en la vecina orilla de Escocia había otro gigante llamado Benandonner que siempre desafiaba su fuerza y su poder. Un buen día, harto de tantos insultos, empezó a lanzar al mar las enormes piedras de su costa hasta formar un camino que le permitiera cruzar al otro lado y ver con quién se estaba midiendo. Para su sorpresa, al acercarse vio que su rival era mucho más grande que él así que corrió a refugiarse en su casa consciente de que Benandonner no tardaría en aparecer. Necesitaba urdir una treta para confundirlo y su mujer, Oonagh, halló la solución: vestirle de bebé y meterlo en la cuna de uno de sus hijos. Cuando su enemigo llegó, Oonagh le presentó a su “hijito” y al verlo el escocés pensó que si el bebe tenía ese tamaño, el padre debía de ser enorme. Su reacción fue la que esperaban: huyó despavorido destrozando y hundiendo a su paso la Calzada para que Finn no pueda seguirle.

Descendiendo a la bahía de Portnaboe. Calzada del Gigante

Tras conocer los avatares de Finn con el gigante escocés, detengo la locución para centrarme en el paisaje que me rodea. A medida que mis pasos avanzan bordeando la bahía de Portnaboe, empiezo a sentir la fuerza del salvaje Atlántico Norte. Hace frío, el viento golpea mi cara y las olas baten con fuerza contra las rocas de los acantilados.

La brecha del viento. Calzada del Gigante

Contemplando la fuerza del océano. Calzada del Gigante

En uno de ellos veo a Humphrey, el camello de Finn, más adelante a su abuela coronado una cima, su órgano… Mientras el cielo juega conmigo regalándome algún minuto de sol, me muevo entre la ciencia y la fantasía por el que sin duda es uno de los rincones más sobrecogedores que han visto mis ojos.

Humphrey, el camello del gigante Finn McCool. Calzada del Gigante

Panorámica de Port Ganny. Calzada del Gigante

Port Ganny. Calzada del Gigante

La Calzada del Gigante

Esta sensación de estar en un lugar que no parece de este mundo se magnifica cuando llego al epicentro de la Calzada. Una maravilla geológica formada por más de 40.000 columnas de basalto que surgió hace 60 millones de años como resultado de una intensa actividad geológica y volcánica. Un capricho nacido tras el enfriamiento de los sucesivos flujos de lava que me deja sin habla, perpleja ante estas formas hexagonales que se deslizan hacia el océano como si fueran peldaños que desaparecen en el horizonte. Pura magia.

Llegando a la Calzada del Gigante

Ruta azul. Calzada del Gigante

Calzada del Gigante. Irlanda del Norte

Vista de la Calzada del Gigante

Dicen los expertos que el mejor momento de la Calzada son las últimas dos horas de sol, sobre todo en primavera y otoño, cuando llega de lado y tiñe las columnas de un precioso color dorado. Veo a muchos con trípode tratando de convertir el fuerte oleaje en una fina capa de seda que cubre y descubre las piedras a su antojo. ¿Lo intento? No. Ya se han tomado miles de fotos espectaculares de la Calzada. Prefiero aprovechar el tiempo captando su belleza en mi retina. He venido en busca de sensaciones, no de fotos para enmarcar. Es más, ni siquiera trato de hallar un encuadre solitario. Prefiero que aparezca gente en mis fotografías. Viajeros que, como yo, han recorrido miles de kilómetros para contemplar este prodigio de la naturaleza que nos habla del pasado más ancestral de la Tierra.

Todo el mundo quiere su foto. Calzada del Gigante

Tras el gran impacto inicial que supone enfrentarme a la Calzada, el subidón de adrenalina se atenúa y empiezo a ser consciente de que verdaderamente estoy allí. Que son mis pies los que están posados en esta tierra de gigantes. Es entonces cuando decido interactuar con ella. Contemplo las columnas de cerca, las subo y bajo cien veces, meto mi mano en las pequeñas pozas que la erosión ha formado sobre algunas de ellas… Me siento como una niña con zapatos nuevos que se divierte retratando a otros turistas, intercambiando sonrisas y frases de cortesía en diferentes idiomas. Y es que este lugar fue creado para hacer feliz a quien lo visite. Tan claro como suena.

Columnas de basalto. Calzada del Gigante

La intensa actividad volcánica originó la Calzada del Gigante

Los más románticos, como yo, sentirán la presencia de Finn a cada paso. El resto probablemente piense que al único gigante que hay que temer es al Atlántico, ese bravo océano que envía olas que rompen con furia sobre las piedras.

Aviso de fuerte oleaje. Calzada del Gigante

Entrada al órgano. Calzada del Gigante

El órgano de Finn. Calzada del Gigante

Miro el reloj. Falta una hora para que termine la excusión y emprendo con tristeza el camino de vuelta. De nuevo por la costa. Quiero seguir sintiendo cerca el océano, el frío en mi rostro, el viento que te impide avanzar. Así llego al centro de visitantes donde entro en calor recorriendo sus espacios expositivos y viendo un audiovisual protagonizado por Finn. Compro un imán para mi nevera viajera y me dirijo al punto de encuentro. Antes de subir al autocar, me doy la vuelta y me despido de este lugar que me ha calado tan hondo con un it has been a pleasure, Finn McCool.

Detalle de Port Ganny. Calzada del Gigante

Paisaje de la Calzada del Gigante

Exposición en el centro de visitantes. Calzada del Gigante

Indormación práctica de La Calzada del Gigante

Ubicación: 40 Causeway Road, BT57 8SU Bushmills (Condado de Antrim).

Cómo llegar a La Calzada del Gigante

Por carretera: La Calzada del Gigante está situada a 3 km de Bushmills. Desde Belfast se tarda en llegar una hora y media aproximadamente, y desde Dublín, algo menos de 4 horas. Si lo prefieres, puedes contratar, como hice yo, una excursión organizada desde Belfast o desde Dublín. Hay muchas agencias online que ofertan este tour.

Tren: Hay un servicio regular desde Belfast o Londonderry a Coleraine. Desde allí puedes coger el autobús Ulsterbus Service 172.

Consulta la web de National Trust para conocer el resto de opciones para llegar a la Calzada.

Centro de visitantes. Calzada del Gigante

Precio de las entradas a la Calzada del Gigante:

Adultos: 8.50 libras. Niños: 4.25 libras. Familias: 21 libras (2 adultos y hasta 3 niños menores 17 años). Menores de 5 años gratis.

Estas tarifas incluyen la entrada al Centro de Visitantes, un tour guiado en inglés o audioguía, un folleto informativo y el aparcamiento. Si quieres evitar las colas y conseguir un pequeño descuento, puedes comprar tus entradas en la web de la Calzada del Gigante.

Para bajar a la Calzada hay un autocar lanzadera que parte del centro de visitantes. Tiene un coste adicional de 1 libra.

Autobús lanzadera. Calzada del Gigante

Horarios para visitar la Calzada del Gigante:

Enero, noviembre y diciembre: 9:00-17:00h. Febrero, marzo y octubre: 9:00-18:00h. Abril, mayo, junio y septiembre: 09:00-19:00. Julio y agosto: 09:00- 21:00h. Cerrado: del 24 al 26 de diciembre. La última admisión al Centro de Visitantes es una hora antes del cierre.

¿Qué ropa llevar?

El clima de la costa norte suele cambiar constantemente así que conviene ir preparado. Lleva algo de abrigo y un impermeable para protegerte del fuerte viento y la lluvia, y calzado adecuado para caminar sobre las columnas sin peligro de resbalar.

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