Cuando planifiqué mi viaje a Dublín, la visita a Kilmainham Gaol ocupaba un lugar preferente en mi lista de imprescindibles. Siempre me gusta conocer la historia de los lugares que piso y en este caso entrar en esta prisión era obligado porque entre sus fríos y desnudos muros se gestó la Irlanda que conocemos ahora, una Irlanda que tuvo que pagar un alto precio para conseguir su independencia.

Tal vez debería haber huido del color y utilizar la escala de grises para ilustrar este artículo. Porque gris era la mañana en que me acerqué hasta su puerta, como grises, incluso de un negro absoluto, eran las historias que narraba nuestra guía y las miradas de cuantos atendíamos sus explicaciones. Porque grises fueron las sensaciones que me arañaron el alma recorriendo sus instalaciones.

Kilmainham Gaol. Dublín

No esperes un relato amable. No lo es. Al contrario. Es una historia que vapuela tu mente, estremece tu cuerpo y zarandea tus sentidos. Una historia de violencia, de martirio y sufrimiento, de cerrojos que encierran vidas y de ecos que retumban entre las paredes. Una historia vinculada a la tortura y la muerte. La peor de las historias: la privación de la libertad.

Reconozco que me disgusté al descubrir que el ala Este estaba cerrada por obras -en principio hasta diciembre de este año. Inevitablemente, como buena cinéfila, quería ver el impresionante  pabellón victoriano, formando por 96 celdas, que en la ficción “hospedó” a Gerard (Daniel Day-Lewis) y Giuseppe Conlon (Pete Postlethwaite) en la oscarizada película de Jim Sheridan En el nombre del Padre. ¿Cuántas más injusticias podrían contar estos muros?

El ala Este permanecerá cerrada hasta diciembre del 2015. Kilmainham Gaol. Dublín

Sí pude verla en el audiovisual que inició nuestra visita guiada. Un documental de buena factura que cumplió su propósito: ponernos en situación. Así supe que cuando se abrió en 1796 era una de las cárceles más modernas de la isla. El lugar donde iban a dar con sus huesos estafadores, mendigos, prostitutas y ladrones, que malvivían en un edificio con ventanas sin cristales -todo un coladero para los gérmenes de la época- a base de pan, leche, avena y sopa. ¿Su única fuente de iluminación? Una vela cada dos semanas.

Audiovisual. Kilmainham Gaol. Dublín

Kilmainham también fue la última morada de muchos nacionalistas irlandeses que lucharon por alcanzar la libertad frente al gobierno británico. Aquí cumplieron condena y fueron ejecutados la mayoría de los líderes que se dejaron la vida por conseguir la independencia de su país. Prisioneros políticos como Henry Joy McCracken o Robert Emmet -miembros de los “United Irishmen”-, Charles Stewart Parnell, líder del Grupo Parlamentario Irlandés de Westminster, “Los Fenianos”… Sobre las puertas de las celdas todavía se conservan placas con sus nombres para que se les recuerde.

Placas contra el olvido. Kilmainham Gaol. Dublín

Tras ver el documental, recibí el primer puñetazo en el estómago. En la misma capilla austera y desangelada que tenía frente a mí, se ofició la boda de Joseph Plunkett y Grace Gifford horas antes de que este fuera ejecutado por liderar el Levantamiento de Pascua de 1916. Lo imaginé esposado, vestido de reo frente al altar… Cumpliendo su último deseo en esta vida antes de enfrentarse a un pelotón de fusilamiento.

Si te estremece esta historia, más aún lo hará su desenlace. Según nos contaron, tras la ceremonia, Grace y Joseph tuvieron 10 minutos para despedirse custodiados por los guardas. ¿De qué hablaron’ ¿Que últimas palabras se dijeron? Ninguna. Según explicó la actriz: “Teníamos todas las cosas del mundo por decirnos, pero no pudimos pronunciar ni una sola palabra.”

Capilla de Kilmainham Gaol, Dublín

Con un nudo en la garganta pasé de las historias a los hechos para descubrir en mis propias carnes el escenario de tanto dolor, el gélido testigo de los episodios más trágicos del nacimiento de Irlanda. Como acostumbro, me quedé la última. Para hacer fotos, sí. Pero, sobre todo, para hacerme con unos minutos de soledad. Para sentir su asfixiante atmósfera, para tocar con mis manos sus húmedas paredes y leer los crudos mensajes que las cubren, para ver cómo el cielo gris de Dublín se colaba por sus escasas ventanas.

Pasillo del ala Oeste. Kilmainham Gaol. Dublín

Una celda de Kilmainham Gaol. Dublín

Galería del ala Oeste. Kilmainham Gaol. Dublín

Recorrido por Kilmainham Gaol. Dublín

Durante la visita al ala Oeste, otra bala me alcanzó en el corazón. Un pegote rubio, de poco más de un metro de altura, preguntó con cara de pocos amigos a la guía: “Pero… Aquí no había niños, ¿verdad?”. No recibió la respuesta que esperaba. En la época de la Hambruna (1845-50), cuando una plaga acabó con la producción de la patata en la isla, los reclusos de Kilmainham aumentaron considerablemente. Sobre todo eran mujeres y niños que mendigaban y cometían pequeños hurtos para llevarse algo a la boca. Estar en la cárcel, hacinados y en pésimas condiciones, suponía tener comida y techo. Algo que en la calle difícilmente habrían conseguido. Aún recuerdo su carita de pena al escuchar tamaña explicación.

Visita guiada a Kilmainham Gaol. Dublín

Candados que encierran vidas. Kilmainham Gaol. Dublín

Más corredores, más galerías, más celdas selladas con infranqueables candados… Cuando por fin salimos al patio, lo primero que hice fue inspirar una fuerte bocanada de aire y mirar al cielo. Seguía tan gris y plomizo como lo había dejado una hora antes pero me pareció el más hermoso de cuantos contemplé en Irlanda. Porque era libre y podía disfrutarlo.

Vista de la cárcel de Kilmainham. Dublín

Ya sin la presión de esas pesadas piedras sobre mi cabeza, nuestra guía nos contó que en 1910 la prisión se cerró durante unos años hasta que volvió a utilizarse para confinar presos políticos. También nos mostró el lugar donde fueron ejecutados los catorce líderes del levantamiento de Pascua, voluntarios y miembros del Ejército del Pueblo Irlandés que en 1916 tomaron varios edificios estratégicos de Dublín y declararon la República de Irlanda. Entre ellos, Patrick Pearse, el mismo Joseph Plunkett y James Connolly, que murió atado a una silla porque las graves heridas sufridas en combate no le permitían mantenerse en pie. Una cruz, una placa y una bandera de Irlanda los rescatan del olvido.

Lugar de las ejecuciones de 1916. Kilmainham Gaol. Dublín

Los líderes ejecutados tras el levantamiento de 1916. Kilmainham Gaol. Dublín

Después de la Guerra de la Independencia llegó la Guerra Civil y con ella el encarcelamiento de más de 300 mujeres y niñas de entre doce y setenta años. El último prisionero de Kilmainham fue Eamon de Valera que tras ser puesto en libertad terminó su carrera política como Presidente de Irlanda.

Patio de la cárcel de Kilmainham. Dublín

Tras un período de abandono, en 1960 se fundó el Comité voluntario de restauración de la prisión de Kilmainham para mantener esta cárcel como un monumento al nacionalismo irlandés. Finalmente, en 1983 pasó a manos del Estado y hoy es un museo en memoria de aquellos que defendieron públicamente la idea de una Irlanda independiente.

Si con todo lo relatado hasta ahora he despertado tu interés por visitar Kilmainham, permíteme una última recomendación. Tómate tu tiempo para recorrer las tres plantas que forman el museo propiamente dicho. Podrás entender mejor la soledad y el aislamiento que sufrían los presos, profundizar en el conflicto irlandés y tener una visión más amplia sobre la historia política y penal de esta prisión. Incluso podrás dar tu opinión sobre la pena de muerte.

Museo. Kilmainham Gaol. Dublín

Zona de exposiciones. Kilmainham Gaol. Dublín

Experimentando con el aislamiento. Kilmainham Gaol. Dublín

Consulta sobre la pena de muerte. Kilmainham Gaol. Dublín

No lo dudes, busca un hueco entre pinta y pinta, y date un paseo por la historia de Irlanda en Kilmainham Gaol, la prisión de Dublín. Es una visita emotiva y cruda, sí, pero realmente merece la pena.

Información práctica para visitar Kilmainham Gaol

Dirección:  Inchicore Road, Kilmainham, Dublín.

Horario: De abril a septiembre: todos los días de 9:30 a 18h. (última entrada a las 17h). De octubre a marzo: de lunes a sábado de 9:30 a 17:30h. (última entrada a las 16:30h.). Domingos: de 10 a 18h. (última entrada a las 17h.).

Duración de la visita:  60 minutos.

Entradas:  Adultos: 6€. Grupos y jubilados: 4€. Niños/estudiantes: 2€. Familias: 14€. Entrada gratuita con la tarjeta turística Dublin Pass.

¿Cómo llegar?

Autobús:  Nº 69, 79A desde Aston Quay, Nº 13 y 40 desde O’Connell St. y College Green. Los autobuses turísticos paran en la puerta.

LUAS tranvía: Línea roja. La parada más cercana es Suir Road.

* El acceso a la prisión de Kilmainham se realiza exclusivamente en visitas guiadas.

Más información:  Visit Dublin y Turismo de Irlanda.