Dormir en una jaima en el desierto de Marruecos, rodeada de kil√≥metros y kil√≥metros de arena. Ese siempre fue uno de mis grandes sue√Īos viajeros. De hecho, podr√≠a apropiarme de las palabras de Antoine de Saint-Exup√©ry: «Siempre he amado al desierto. Uno puede sentarse sobre una duna de arena sin ver ni escuchar y, sin embargo, siempre hay algo que brilla en el silencio.» Tambi√©n de otra de las frases c√©lebres del autor de El Principito: ‚ÄúHaz de tu vida un sue√Īo, y de tu sue√Īo una realidad‚ÄĚ. Y as√≠ lo hice. Pasar la noche en el desierto marroqu√≠ dej√≥ de ser un espejismo para encabezar el listado de los grandes momentos vividos en Marruecos.

Durante siete días recorrí este sorprendente y fascinante país, una franja norteafricana que me sedujo por sus contrastes, por el calor de sus gentes, porque me hizo sentir bien en todo momento. En su día traté de tamizar las mejores vivencias de este viaje que bauticé como el de las mil sonrisas. Hoy me centro en una de ellas. En las que tal vez fueron las catorce horas más intensas de mi viaje por Marruecos.

Tras una larga jornada en 4×4 recorriendo el Valle del Dades, las espectaculares Gargantas del Todra, ¬†Erfoud ¬†y Rissani, y disfrutando del color ocre y rojo de las kasbahs y ksours que se cruzaban a nuestro paso, llegamos a Merzouga, frente a las altas dunas de Erg Chebbi.

A las puertas del desierto. Marruecos

La primera visi√≥n de este campo de dunas m√≥viles que pueden llegar a alcanzar los 150 metros de altura me dej√≥ sin palabras. Justo en ese momento el sol ba√Īaba su silueta desplegando un abanico de dorados y naranjas que dif√≠cilmente una c√°mara puede inmortalizar.

Erg Chebbi. Marruecos

A lo lejos divisé una caravana que se internaba hacia el desierto. Ojalá que vayamos solas, pensé. Y así fue. Cuando bajamos del todoterreno, solo había dos dromedarios esperándonos al cuidado del que sería nuestro guía.

Caravana de dromedarios en Erg Chebbi

Nuestro paciente guía. Erg Chebbi. Marruecos

Mientras me acomodaba en mi montura, record√© la leyenda de las dunas de Erg Chebbi que hab√≠a le√≠do en alguna parte. Seg√ļn cuenta la tradici√≥n oral, fueron creadas por Dios para castigar a una rica familia de Merzouga que se neg√≥ a dar cobijo a una mujer y a su hijo durante un festival local. Para condenar su falta de hospitalidad -algo impropio de un pueblo como el marroqu√≠- sepult√≥ a toda la familia bajo grandes mont√≠culos de arena. Bendita condena. Recorrer un tramo de esta espectacular extensi√≥n de 22 kil√≥metros situada en la frontera con Argelia fue uno de los mejores regalos que Marruecos pudo hacerme.

Como coment√© en su d√≠a, literalmente ten√≠amos el desierto para nosotras y all√° donde pos√°bamos la mirada iban apareciendo diferentes estampas de este hipn√≥tico mar de dunas que iba cambiando de tono siguiendo los designios de un d√≠a que se iba apagando. Y s√≠, lo reconozco, tambi√©n me asalt√≥ la imagen de Peter O’Toole encarnando a Lawrence de Arabia. Trotamundos y cin√©fila, as√≠ soy.

TE PUEDE INTERESAR¬†‚Üí Excursi√≥n de 3 d√≠as al desierto de Merzouga: en esta excursi√≥n te adentrar√°s en Erg Chebbi, la parte m√°s sorprendente del desierto del S√°hara, y disfrutar√°s de los contrastes de Marruecos. El itinerario -con gu√≠a que habla espa√Īol- incluye: la Kasbah de Ait Ben Haddou, Ouarzazate y la Kasbah de Taourirt,¬†el¬†Valle del Dades¬†y las incre√≠bles¬†Gargantas del Todra,¬†el palmeral de Jorf, Erfoud, Merzouga, Rissani, Tizi N’Tfrkhin y Ouarzazate.

Adentr√°ndonos en Erg Chebbi. Marruecos

Mar de dunas. Erg Chebbi. Marruecos

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Dunas de Erg Chebbi. Marruecos

Atardece en Erg Chebbi. Marruecos

La √ļnica pega, esa que sufrimos todos los viajeros que nos empe√Īamos en contar nuestras idas y venidas por el mundo, fue tener que romper el hechizo del momento para conseguir un soporte visual con el que acompa√Īar estas l√≠neas. Suerte que nuestro gu√≠a era un bendito y aguant√≥ estoicamente cuantas paradas le obligamos a hacer. Tambi√©n los dromedarios, de aspecto saludable y d√≥ciles, pusieron su granito de arena deteni√©ndose sin mayor problema para que pudi√©ramos tratar de captar la belleza que nos rodeaba. Mi sue√Īo de dormir en una jaima en el desierto de Marruecos estaba a punto de cumplirse.

Cae la noche en el desierto. Marruecos

Dormir en una jaima en el desierto de Marruecos

Cuando llegamos al campamento ya era noche cerrada y costaba distinguir la silueta de las tiendas que ten√≠amos a un pu√Īado de metros. Todo estaba en silencio, dir√≠ase que deshabitado, salvo por la t√≠mida luz de las l√°mparas que iluminaban un camino de alfombras. ¬ŅEstamos solas?, pregunt√©. No, hay una mujer catalana alojada aqu√≠, obtuve por respuesta. Mir√© a Sara y no pude evitar sonre√≠r. Aquella chica era Anna, una viajera de la vieja escuela, comprometida y solidaria, que por unas horas se convirti√≥ en nuestra germana de dunes (hermana de dunas).

Tras saludar a todo el equipo de Jaimas Madu, a cual m√°s pol√≠glota, nos acompa√Īaron a nuestra jaima. En pleno coraz√≥n del desierto me encontr√© con una tienda llena de comodidades: ba√Īo y ducha privado, agua caliente, electricidad y una cama enorme que alejaba la idea de pasar fr√≠o con solo mirarla. La noche en el desierto de Marruecos promet√≠a y mucho.

Dormir en una jaima en el desierto de Marruecos

Domir jaima desierto Marruecos

De repente, el sonido de unos timbales mezclado con ininteligibles canturreos llam√≥ nuestra atenci√≥n. La cena estaba lista en una acogedora jaima. Entre animadas conversaciones sobre lo humano y lo divino fueron desfilando una sopa de verduras que nos devolvi√≥ la vida, arroz, kefta, pollo con lim√≥n…

Jaima comedor. Desierto Erg Chebbi. Marruecos

Cenando en Jaimas Madu. Marruecos

Despu√©s salimos al exterior para disfrutar de un pase de m√ļsica y canciones bereberes alrededor de una fogata. Ya puedes imaginar el resto. Al abrigo de la nocturnidad, la fiesta acab√≥ entre chistes subidos de tono, refranes catalanes y con una servidora aporreando cualquier instrumento que cayera en sus manos. Un heterog√©neo grupo de desconocidos convertidos en amigos por la magia del desierto.

M√ļsica tradicional en el desierto de Marruecos

Cuando todo el mundo se retir√≥, me qued√© unos minutos m√°s sentada sobre una alfombra. Hecha un ovillo. En silencio. Saboreando la soledad y mirando al cielo que a pesar de ser un enorme manto negro dejaba entrever alg√ļn fragmento de su b√≥veda celeste. Estaba all√≠, cumpliendo mi sue√Īo de pasar la noche en el desierto y sent√≠ el c√°lido roce de la felicidad.

Disfrutando de la soledad en el desierto. Marruecos

Debo confesar que no dorm√≠ mucho esa noche. M√°s bien la pas√© en una dulce duermevela, navegando entre las im√°genes que asaltaban mi mente a modo de flashback. No fue el fr√≠o ni la ausencia de un lecho confortable. Era yo. Nerviosa y excitada. Como una ni√Īa peque√Īa en la noche de reyes esperando su regalo: el amanecer en el desierto marroqu√≠.

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Hubiera deseado verlo en lo alto de una duna pero remolonear cinco minutos de más bajo los edredones me robó el escenario. No así el momento. Descubrí la enorme alfombra que resguardaba la jaima y allí estaba, imponiéndose sobre el horizonte, el nacimiento de un nuevo día.

Amanece en el desierto. Marruecos

Salida del sol en el desierto. Marruecos

Me puse lo primero que pillé sobre el pijama, cogí la cámara y salí corriendo hacia las dunas. Hacía muchísimo frío pero la sangre al galope por mis venas me dio el calor que los primeros rayos de sol me negaban. Tras dormir en una preciosa jaima en pleno desierto marroquí, un nuevo amanecer me daba los buenos días.

La soledad del desierto. Marruecos

Rumbo a las dunas de Erg Chebbi. Marruecos

No sé cuánto tiempo pasé con mis pies enterrados en la arena. Ensimismada frente a las dunas. Sintiendo como mi cuerpo se iba enfriando. Al contrario que mi alma, encendida por un hervidero de sensaciones que no me canso de recordar. Y, sí, de nuevo sentí el roce de la felicidad.

Ensimismada en el desierto. Marruecos

El «yalla, yalla» de nuestro gu√≠a me devolvi√≥ a la realidad. La estancia en el desierto tocaba a su fin. Un copioso desayuno al aire libre, una cordial despedida y de vuelta al 4×4 rumbo a nuestro siguiente destino: Marrakech.

Dormir en una jaima. Desierto de Marruecos

Desayunando en el desierto. Marruecos

Despidiéndonos de Erg Chebbi. Marruecos

Aviso para navegantes: ten en cuenta que Erg Chebbi es un destino bastante turístico así que si quieres vivir una experiencia similar a la mía y dormir en una jaima en el desierto de Marruecos sin mucha gente, trata de ir fuera de temporada para evitar encontrarte con decenas de autobuses y auténticas caravanas de todoterrenos. Las mejores épocas son noviembre, enero y febrero.