¿10 razones para viajar a la Laponia noruega? Podrían ser muchas más pero una decena bastará para que desees conocer esta región del norte de Europa. Paisajes eternos cubiertos de nieve, caminos sin trillar, auroras boreales, actividades que despiertan tu espíritu más aventurero, un cálido abrazo de paz y libertad que te protege del frío… Si te gusta conquistar nuevos horizontes, los deportes al aire libre y vivir experiencias únicas que te acompañarán para siempre, sigue leyendo. La Laponia noruega es tu próximo destino.

Kirkenes. Laponia noruega

Laponia noruega

Abróchate el cinturón. Despegamos. ¿Destino? Northern Norway, el lugar donde se cumplen los sueños.

Paisajes infinitos que te hacen sentir minúsculo

Si sigues mis idas y venidas por el mundo, ya sabrás que soy enamorada de los desiertos. Pues bien, tras mi viaje a la Laponia noruega he hallado un nuevo amante en la fisonomía de los inviernos del norte. Un rostro de páramos solitarios, bosques, islas, fiordos y lagos helados en los que la vida se abre paso enfrentándose a un entorno tan salvaje e inhóspito como sobrecogedor. Por encima del Círculo Polar Ártico, el paralelo con el que sueña todo viajero. En una región apenas poblada donde la naturaleza es la reina y señora de cuanto sucede a su alrededor.

La seductora belleza natural de la Laponia noruega

Caminos sin trillar. Laponia noruega

Mi momento: Detener el paso y otear con calma la virginal estampa que me rodea. El gran vacío blanco, la desolada nada helada. Con el cuerpo adaptándose a las bajas temperaturas que se alía con los latidos del corazón para que nada enturbie la sensación de paz que me embarga. Sintiendo cómo la más hermosa de las punzadas atraviesa mi alma.

Tromsø, el punto de partida de la gran aventura ártica

Oslo-Gardermoen (OSL)-Tromsø (TOS). Dos horas de vuelo con Norwegian para dejar atrás Oslo, la atractiva y vital capital de Noruega, y aterrizar a 350 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, en Tromsø. Su sobrenombre, la Puerta del Ártico. Su apellido: boreal. Un adjetivo que la acompaña cuando hablamos del jardín botánico, la fábrica de cerveza o la catedral más septentrionales del mundo. Una ciudad que vio partir a los grandes exploradores noruegos a finales del siglo XIX. Una ventana abierta a escenas únicas que reclaman ser rodadas y protagonizadas aquí y desde aquí. En el norte del norte.

Tromsø desde mi habitacion en el Scandic Ishavshotel. Laponia noruega

Tromsø. Laponia noruega

Mi momento en dos tomas: La primera, dejar las maletas en el hotel, caminar un par de metros, plantarme frente al puerto, que en plena noche no es más que un puñado de luces amarillentas, e imaginar qué paisajes esconderá el horizonte. La segunda, despertar al amanecer sin alarma alguna, acercarme a la ventana de la habitación y comprobar por primera vez, viendo la silueta de las montañas nevadas, que es real, que estoy en el lugar donde empieza el inolvidable periplo ártico, en este fascinante confín del mundo llamado Laponia noruega.

Trineo tirado por huskies, un imprescindible de la Laponia noruega

Una experiencia con mayúsculas y una de las grandes bazas de la Laponia noruega invernal. No hay mejor modo de definir lo que supone dar un paseo en trineo tirado por perros. Por Alaskan huskies de ojos azules, para ser exactos, cuyos atronadores ladridos retumban en la inmensidad de un manto blanco hasta que logran su objetivo, que comience la travesía. Entonces se obra el hechizo. Ya no hay gemidos, se hace el silencio. Un silencio que, sin embargo, tiene su propia banda sonora: el roce de las cuchillas deslizándose por la tierra helada. Y allí estás tú, un discreto espectador, con los sentidos alerta para hacer tuyo este instante en el que sientes que la naturaleza te tiende la mano.

Trineo tirado por perros. Laponia noruega

Alaskan husky. Laponia noruega

Mi momento: Aquel en el que decido, tras concluir mi trabajo, liberarme de la cámara y el móvil, ausentarte del mundo y simplemente sentir. El frío en la cara, el viento del norte, el jadeo de los canes, la nieve que levantan con sus patas, los baches del camino… Recostada en el trineo, como una princesa nórdica, bajo un sol radiante y un inmaculado cielo azul.

Motos de nieve, una descarga de adrenalina en el norte de Noruega

¿Sabías que en la Laponia noruega la corriente del Golfo hace que la temperatura sea más templada de lo que debería? Así es. Un bendito guiño oceánico que permite seguir realizando todo tipo de actividades cuando el sol se esconde. Como penetrar en la grandiosidad de un bosque a lomos de una moto de nieve. Que no te frene el miedo a pasar frío. Imposible sentirlo con todo el equipo que te suministran. Lo único que debes hacer es estar atento a las instrucciones de su manejo, ponerte al volante y jugar con los caballos de su potencia mientras te internas en la noche rumbo a lo desconocido.

Motos de nieve en la región de Tromsø. Laponia noruega

En el lago helado con Lyngsfjord Adventure. Laponia noruega. Foto de Gøril Ovesen

Mi momento: Los árboles han desaparecido de repente. Ninguna muestra de vida alrededor. ¿Dónde estamos? Encima de un enorme lago helado. La expedición se detiene y nos dejan dar unas vueltas por libre. La descarga de adrenalina es tremenda; más aún si tu piloto -gracias, Luca Bocci- además de un avezado conductor quiere que vivas esta experiencia a lo grande y pisa el acelerador, obligándote a agarrate bien fuerte cuando toma las curvas. Con tanto bote pierdo mi condición de princesa del ártico, sí, pero me convierto en el más afortunado de los paquetes al recibir este potente presente que me regala la región de Troms.

Pescar cangrejos reales en Kirkenes

Un avión de hélices operado por la compañía regional Widerøe nos traslada hasta Kirkenes, una pequeña población situada a tan solo 15 kilómetros de la frontera con Rusia. Llegamos en busca del cangrejo real, un delicioso invasor que emigró desde Alaska para convertirse en el soberano de las frías aguas de la región de Finnmark. Todo bon vivant convendrá conmigo que solo por saborear su exquisita carne vale la pena viajar a este recóndito rincón del planeta. Más aún si la experiencia incluye capturarlo, serrando un agujero en un fiordo helado. No te resistas, acabarás haciéndote la típica foto para ponderar su peso que puede llegar a alcanzar los 15 kilos.

Pesca del cangro real en Kirkenes. Laponia noruega

El cangrejo real, un imprescindible de la gastronomía de la Laponia noruega

Mi momento: Concluida la pesca. En una encantadora cabaña de madera caldeada por una chimenea. Alejada del frío que contemplo desde la ventana. Con una copa de vino blanco y unas patas de King Crab recién cocidas en mi plato. ¿La vida que nos merecemos? Exacto.

Trekking con raquetas de nieve, deporte y naturaleza

Ir convenientemente abrigado, calzarte un par de raquetas y asirte a los bastones de marcha. No necesitas nada más para disfrutar de una buena caminata por los paisajes nevados del norte de Noruega. Tampoco hacer gala de un envidiable estado físico ya que hay rutas para todo tipo de públicos. Más largas, más cortas, de baja dificultad, de mayor intensidad… Escojas el sendero que escojas el resultado será el mismo: acabarás sintiendo algo parecido a lo que pudo experimentar el mismísimo Roald Amundsen, el explorador polar de origen noruego más importante de la historia, o Fridtjof Nansen que en 1888 emprendió su propia aventura en el Ártico.

Raquetas de nieve en la Laponia noruega

Paisaje de la Laponia noruega

Mi momento: Dejar que el grupo avance un buen puñado de metros. Los suficientes para no perderlos de vista. Los necesarios para que sus voces no empañen mis pasos. Para paladear el silencio blanco, llenar los pulmones de aire puro, fijarme en las huellas de los animales que quedaron impresas tras su paso, para inmortalizar vistas de escándalo, para sentir cómo la fuerza de la Laponia noruega se adueña de cada milímetro de mi ser.

Tierra de samis

Estas tierras laponas no serían lo que son sin la presencia de los sami, la minoría étnica más importante del país que las ha poblado desde hace milenios demostrando una extraordinaria adaptación al entorno. Un pueblo, orgulloso de sus raíces y con parlamento propio, que nos obliga a quitarnos el sombrero ante el ancestral respeto que profesan por la naturaleza. ¿Dos ejemplos? Su idioma recoge más de cien palabras para referirse a la nieve y los renos, más que los animales que los trajeron hasta aquí, son parte indivisible de su identidad. Ya son pocos los que en la actualidad siguen pastoreándolos estación tras estación, eso sí, con motos de nieve, embarcaciones y GPS, pero estos conatos de modernidad no han afectado a los pilares de su forma de vida como guardianes de la cultura de los nativos del norte.

Sami. Laponia noruega

Reno. Laponia noruega

Mi momento: Tras el trekking con las raquetas, degustar un reconfortante bidos, el tradicional guiso de reno del pueblo sami, en una lavvo, la típica tienda que desde tiempos inmemorables han utilizado como refugio en la tundra noruega.

Los sabores del norte

Cocina local y sostenible que encuentra su despensa natural en los sabores de la tierra y el mar. El ya mencionado cangrejo real o el reno, que preparan de cuantas formas puedas imaginar, comparten mesa con el omnipresente salmón, el bacalao -fresco o secado al viento-, el lenguado o la caballa, a los que se suman en menor medida carnes de cordero, cerdo o buey que pueden disparar los precios de una buena comida. Como comenté a mis compañeros -gracias por todos esos fantásticos momentos que compartimos-, este es el primer viaje en el que no he perdido peso. ¿La razón? Todo lo que probé era excelente, tanto en forma como en contenido.

Bidos, el tradicional guiso de reno del pueblo sami. Laponia Noruega

Bacalao. Laponia noruega

Mi momento: En el restaurante Fiskekompaniet de Tromsø, especializado en pescados y mariscos. Allí descubrí la lengua de bacalao, toda una delicatessen de la gastronomía noruega, y la mejor sopa de marisco que he catado en la vida.

Dormir en un hotel de hielo en la Laponia noruega

“¿Vas a pasar la noche en un hotel de hielo? ¿Tú, con lo friolera que eres a menos cinco grados? Estás loca”. No, lo irracional e imperdonable sería no haber querido formar parte de los 50.000 privilegiados que hasta la fecha han vivido esta experiencia que aúna una buena dosis de aventura y un punto muy atractivo de curiosidad. Hallé mi morada helada en el Kirkenes Snowhotel que se construye cada año a finales de diciembre para desaparecer con la llegada de la primavera. Una vida físicamente efímera que se vuelve inmortal en la memoria de sus huéspedes. La respuesta a la pregunta del millón es sí. Se duerme y además calentito gracias a un saco térmico que resiste temperaturas de hasta -35 grados.

Ice bar. Kirkenes Snowhotel. Laponia noruega

Mi habitación en el Kirkenes Snowhotel. Laponia noruegaMi momento: Tras probar un licor típico en su Ice bar y dar buena cuenta de la cena, llegó la hora. Me enfundé en el saco cual crisálida y empecé a recorrer con la mirada cada rincón de mi gélida habitación. Algo fallaba y no era el frío. Iba a ser incapaz de pegar ojo con aquel pasamontañas que me agobiaba y no me dejaba respirar. Decidí quitármelo y el instante en que mi melena cayó por mi cuello es lo último que recuerdo. No fue Morfeo sino Ull, el dios nórdico del hielo, quien vino a buscarme y me retuvo con él hasta que una campanilla anunció la llegada del nuevo día. Desperté como me habían augurado que sería, con una sonrisa. La de una princesa, esta vez oriental, en su palacio de hielo.

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Aurora boreal, en busca de la gran dama

Go, go, go… La palabra fetiche que cada noche esperaba encontrar en Norway Lights, una bola de cristal en formato app de Turismo de Noruega indispensable para saber cuándo y dónde cazar una aurora boreal. Para la ciencia, la colisión de las partículas solares con los gases de la atmósfera de la tierra; para los esquimales, un sendero que conduce a las regiones celestiales; para los vikingos, la armadura de las míticas valkirias; para los samis, la luz audible. Para el que la contempla, el mayor espectáculo del firmamento, algo que todo el mundo debería presenciar al menos una vez en la vida en la Laponia noruega, el destino europeo donde se ven más auroras boreales.

Aurora boreal en Kirkenes. Laponia noruega

La magia de una aurora boreal. Laponia noruega

Mi momento: Nos saludó desde la ventanilla del avión, a lo lejos, difusa, pero innegablemente real, coqueteó con nosotros en Tromsø y se hizo de rogar hasta la última noche en Kirkenes. Llámame optimista, soñadora o crédula pero estaba convencida. Acudiría a nuestro encuentro. Con su delicada danza, sus haces de luz tiñendo la oscuridad con verdes, naranjas y reflejos rojizos, rodeada de hielo y nieve, y haciéndome sentir la partícula más pequeña del universo. Cuando se cruce en tu camino, mira al cielo, emociónate y trata de capturar su magia en un puñado de píxeles, sí, pero reserva un instante para ver la cara de aquellos que te acompañan. ¿No sabes cómo definir qué expresan sus rostros? Te ayudo. Se llama felicidad.

Más información: La aurora boreal en Noruega

Mi periplo por estas seductoras y atractivas razones de peso concluye aquí. Si he conseguido animarte a hacer las maletas y emprender la aventura de tu vida en la Laponia noruega, objetivo cumplido. Brindo por ello y porque yo pueda volver.

Skål!

Un brindis en la Laponia noruega

Nota: Este viaje ha sido posible gracias a la Oficina de Turismo de Noruega en colaboración con Northern Norway y Norwegian. Mi agradecimiento a todos ellos y en especial a Gøril Ovesen, magnífica anfitriona y embajadora de la Laponia noruega.