Cuando empecé a preparar mi viaje a Zanzíbar, recabando información sobre qué hacer y ver en este archipiélago situado a 36 kilómetros de las costas de Tanzania, encontré la posibilidad de realizar un crucero por la bahía de Menai, una reserva marina situada en el suroeste de Unguja famosa por sus islotes desiertos, sus arrecifes de coral y sus idílicos bancos de arena. Tras investigar a conciencia me decanté por la empresa Safari Blue ya que fueron los pioneros en este tipo de excursiones marítimas, proporcionan empleo a más de 80 empleados locales y su propietaria, Eleanor Griplas, es una gran defensora del turismo sostenible y responsable. ¿En qué consiste esta excursión? ¿Valió la pena? Todos los detalles a continuación.

Safari Blue. Excursion en Zanzibar

Safari Blue: snorkel, playas desiertas, delfines y la magia del Índico

El punto de partida de esta excursión es la playa del pequeño pueblo pesquero de Fumba, a unos 30 minutos en coche de Stone Town. Allí acudimos un puñado de viajeros dispuestos a coleccionar imágenes de postal a bordo de un dhow, el tradicional barco de vela triangular que desde tiempos inmemoriales ha surcado el océano Índico y el mar Rojo facilitando el transporte de mercancías. Un navío de bonita silueta, hecho con madera tropical en el que pueden viajar hasta 16 pasajeros.

Playa de Fumba. Safari Blue. Zanzibar

Tras una cordial bienvenida, en la que nos informaron de las normas de seguridad a seguir, dividieron el grupo en los diferentes barcos. “¿Veremos delfines?” Quien lo pregunta es Alan, un niño sueco de unos diez años. La respuesta que recibe por parte de uno de los guías es contundente: “Vamos a navegar por un área marítima protegida y aunque el 90% de las veces solemos verlos, eso solo depende de la madre naturaleza. Ellos decidirán si se acercan a nosotros o no”. En ese momento me sentí aliviada porque había leído el asedio que sufren estos cetáceos en la zona de Kizimkazi y no quería contribuir a tan nefasto espectáculo.

Playa de Fumba. Safari Blue

Aviso para navegantes: Aquella mañana de abril la marea estaba realmente baja por lo que nos tocó ir caminando por el agua hasta el dhow. Tenlo en cuenta y, además de gafas de sol, protector, toalla y gorra, no olvides llevar una mochila impermeable y chanclas cerradas.

Playa de Fumba. Safari Blue

Una vez ubicados en el barco empezamos la travesía bajo un sol radiante que avivaba aún más los mil azules del Índico. Algo de fruta fresca, bebida a discreción, la suave brisa… Todo el pasaje estaba encantado con el espectacular escenario que nos rodeaba con el mar como absoluto protagonista.

Crucero en dhow. Safari Blue

Tras una media hora de navegación, nos detuvimos para practicar snorkel en las cristalinas aguas del océano. La pena es que el último tsunami destrozó buena parte de los arrecifes de coral y nos tuvimos que conformar con ver anémonas, peces payaso y poco más.

Snorkel. Safari Blue

Practicando snorkel. Safari Blue

¿Un punto a favor de la tripulación? Su buen talante para ayudar a una pareja de Sudáfrica que a pesar de no saber nadar no quiso perderse la experiencia. El chaleco salvavidas, el flotador y el apoyo de varios miembros del equipo les bastaron para animarse a meter por lo menos la cabeza en el agua y nadar un par de metros. Imagina sus caras de felicidad al volver a subir al barco. We did it!, gritaban emocionados.

Y sí, los delfines hicieron acto de presencia nadando a unos metros de nuestro barco. Ni fuimos en su búsqueda, ni los importunamos. Simplemente disfrutamos de su presencia en su hábitat natural limitándonos a observarlos.

Delfines. Safari Blue

La siguiente parada nos llevó hasta un precioso banco de arena. Un islote blanco en medio del mar en el que la presencia humana se reducía a un par de toldos para protegernos del sol.

Rumbo al banco de arena. Crucero Safari Blue. Zanzibar

Fondeando en un banco de arena. Excursion Safari Blue

Aunque parte del grupo se fue a bucear a otro enclave cercano, yo decidí quedarme allí. En aquel pequeño paraíso deshabitado; jugando con las olas en la orilla, nadando en las cálidas aguas del Índico y buscando encuadres que reflejasen la belleza de este rincón de Zanzíbar protegido desde 1997.

Relax en la bahia de Menai

Nadando en la bahia de Menai

Banco de arena. Safari Blue

Las cristalinas aguas del Indico. Safari Blue

Tras casi una hora de relax absoluto pusimos rumbo a nuestro último destino: la isla Kwale. Aquí es donde fondean para comer la mayoría de empresas que realizan este tipo de cruceros y eso se nota en la cantidad de puestos de souvenirs que esperan la llegada de los turistas.

Isla de Kwale. Safari Blue

En esta especie de isla-restaurante nos sirvieron un bufet que consistía en langosta a la parrilla, calamares, pollo, arroz, lentejas, curry y varias salsas. Correcto sería la calificación adecuada ya que bajo aquel sol de justicia, apenas mitigado por la sombra de los tamarindos, todo lo que salía de la parrilla acababa teniendo el mismo sabor. Lo que sí disfruté y mucho fue la degustación de frutas tropicales porque, además del clásico mango, piña, melón, guayaba o caña de azúcar, descubrí frutos exóticos como el rambután, el durian, el jackfruit o el soursap.

Isla de Kwale. Safari Blue

Barbacoa. Safari Blue

Con la visita a una laguna rodeada de manglares y a un baobab gigante finalizó nuestra estancia en Kwale. Eran las 16:30 y tocaba regresar. Un rápido baño, un último vistazo a aquella casi virginal playa y de vuelta al dhow.

Baobab. Isla de Kwale. Safari Blue

Playa de la isla de Kwale. Safari Blue

Navegando en un dhow. Safari Blue

¿Valió la pena esta jornada en el mar con Safari Blue? En mi opinión, sí. Más aún si, como en mi caso, no has podido visitar las playas de Matemwe o Jambiani y quieres conocer uno de los rostros más paradisíacos de esta isla tropical. Si te gusta navegar, practicar snorkel y colonizar arenales de ensueño, esta excursión es perfecta para ti. Si por el contrario dispones de poco tiempo y quieres empaparte de un Zanzíbar a años luz de los hoteles de lujo que jalonan su litoral, mejor empléalo callejeando por Stone Town. Recorriendo los sinuosos y decadentes callejones del casco antiguo de la capital, declarado Patrimonio de la Humanidad, no solo conocerás su historia. También su presente. Mucho menos idílico y glamuroso, cierto, pero infinitamente más real.

* Precio de la excursión marítima con Safari Blue: Si llegas por tu cuenta a Fumba: 65 dólares. Si contratas el servicio de transfer para que te recojan y te lleven de vuelta al hotel, 120 dólares aproximadamente.

Si vas a viajar a Zanzíbar, te recomiendo que contrates un seguro de viajes. Por ser lector de Objetivo Viajar tienes un 5% de descuento en cualquier seguro de viaje IATI.